viernes, 28 de agosto de 2026

La Odisea: Nolan y los vende humos


“La mejor película del año”, “la adaptación definitiva", "Poderosa", "Subyugante" o simplemente una versión más realista, honesta o inclusiva. Los vende humo de siempre quieren que Hollywood se quede con tu dinero haciéndote creer que un director ganador del Oscar ha dejado huella en el séptimo arte con su último trabajo. Hay que encender el cerebro urgentemente antes de decidir verlo, dada la infinidad de comentarios tanto positivos como negativos que recibió. 

Como Christopher Nolan siempre genera expectativas por cada largometraje que presenta, era de esperarse que La Odisea no sería una excepción. Y no estoy hablando de una novela más, sino de una de las cumbres de la literatura universal y pilar de la cultura occidental junto a La Ilíada. Sin duda, los poemas épicos recitados por aedos, quienes cantaban las hazañas griegas públicamente a ritmo de cítaras luego de memorizarlos, se transmitieron oralmente hasta que se plasmaron por escrito desde los siglos VIII y VII a. C. utilizando el dialecto homérico.

Han pasado tres mil años desde entonces y la obra sigue siendo de una estimulante actualidad. No pretendo describir los detalles del recorrido de Odiseo, sino mencionar las inevitables comparaciones entre el poema y algunos personajes y situaciones frente a la película de Nolan, y también frente a adaptaciones anteriores que merecen revisionarse, para enfrentar el prejuicio de que lo viejo aburre o ya no sirve. Porque no se debe confundir lo vetusto con lo clásico y también porque La Odisea de Christopher Nolan no es lo que en redes, la crítica “especializada” o en internet te venden.

La película comienza con un bardo golpeando el suelo con su bastón para declamar la caída de Troya en su guerra contra los griegos. Se supone que los aedos recitaban poemas épicos tocando la cítara, pero acá, en medio de un ambiente oscuro y lleno de “invitados” que son los más de 100 pretendientes de la reina Penélope, la fiesta es amenizada por un individuo que más parece un rapero con peinado rastafari (de hecho, el actor lo es). Acto seguido conocemos a la mencionada Penélope, interpretada de manera contenida y dramática por Anne Hathaway, cuya performance nos hace recordar la que hizo en Les Miserables (2012). También la interpretó en la versión italiana de 1968 la griega Irene Papas, quien después encarnaría a la madre de Odiseo casi treinta años después. Es, con toda certeza, la mejor actuación del filme de Nolan junto a Robert “Crepúsculo” Pattinson como Antinoo, el arrogante pretendiente que da por muerto a Odiseo mientras compite con los demás para desposar a la sufrida esposa del protagonista. Otro que merece mención es el colombiano John Leguizamo, quien después de ser Luigi en Super Mario Bros. (1993), se redime encarnando a un Eumeo que transmite seriedad, fidelidad y hasta muestras de autoridad en Ítaca, mientras el rey está ausente, pese a ser un porquerizo casi ciego. Hasta aquí las mejores actuaciones.

Ahora veamos el resto de interpretaciones que son genéricas. Porque aquí es donde las comparaciones con otras versiones serán odiosas, pero inevitables:

1) Tom Holland cumple como Telémaco. Su menuda presencia ayuda a disimular sus 30 años de ese momento, pero ni siquiera se ve que abraza a su padre Odiseo cuando lo reconoce tras volver a Ítaca después de 20 años. Su registro es el mismo en casi todas las películas en las que participó, haciendo pensar que Peter Parker viajó en el tiempo, pero se quedó sin poderes arácnidos.

2) Himesh Patel era creíble en Tenet como el ayudante del héroe y la sufrida esposa del villano, sobre todo durante el enfrentamiento final en esa película. Pero aquí se le ve como un Euríloco paquistaní sin credibilidad y nada griego, que no para de cuestionar las decisiones de Odiseo. 

3) Zendaya es una convincente Chani en Dune, parte 1 y 2 (y ya se viene la 3) y es hasta agradable como Mary Jane Watson en el Spiderman del UCM (Universo Cinematográfico de Marvel), pero no convence como Atenea. Parece más bien una terapeuta con hábito a la que solamente Odiseo puede ver. Palidece frente a Isabella Rossellini (1997), que lucía radiante, carismática y de mirada cautivadora (o sea como una verdadera diosa de la antigüedad helénica).

4) Charlize Theron es buena actriz y sus actuaciones en Monster y Mad Max: Fury Road son destacables, pero el guión del propio Nolan no le permite mayor lucimiento como la ninfa Calipso, a diferencia de la interpretada por la sensual Vanessa Williams (1997), quien tenía mayor tiempo de desarrollo dramático, casi equivalentes a los 7 años que retiene a Odiseo, pero luego tiene que dejarlo ir por órdenes del dios Hermes.

5) Jon Bernthal, un Menelao con la cabeza rasurada y vestido con un atuendo medieval (sí, en la Antigua Grecia) pasa sin pena ni gloria mientras tiene como esposa a una Helena de Troya por la que “mil hombres irían a la guerra”. ¿Sería interpretada por Elizabeth Debicki, Sydney Sweeney, Mario Robbie? ¡No! Es Lupita Nyong’o, una actriz talentosa que la rompió en Doce años de esclavitud (2013), pero su sola presencia como Helena genera desconcierto y hasta risas. El poema de Homero la describe como blanca, pero Nolan la presenta como africana, sin carisma ni atractivo. ¿El director pretende hacernos creer que por un personaje así, legiones enteras de soldados griegos fueron a pelear? ¿Cree que la Antigua Grecia era como la Europa progresista después de tres mil años? La risa involuntaria que genera su inconvincente presencia hace que la película pierda la fidelidad con el poema épico por más oscura y seria que sea la fotografía y la música desplegados. Diane Kruger de la película Troya (2004) era una verdadera Helena de Troya, pero al parecer, Nolan quiere un segundo Oscar a mejor director, teniendo en cuenta las reglas forzadas de inclusión de la Academia de Hollywood, vigentes desde 2022.

6) Samantha Morton es la recordada vidente Agatha de Minority Report, pero aquí compone a una Circe aterradora y solitaria debido a que parece más una bruja y no una sensual hechicera que retiene a Odiseo durante un año. Es notable el contraste con la versión de 1954 en la que Silvana Mangano la interpreta (igual que a una dignísima Penélope en la misma adaptación). En la versión de Nolan está bien lograda la escena en la que transforma a los soldados del protagonista en cerdos, aunque a veces da la impresión de que es más una mezcla de feminista con las brujas de Furia de titanes (la versión de 1981). Por eso, la amenaza de Odiseo tiene un desarrollo apresurado y ni siquiera consume la planta Moly, que le da inmunidad ante los hechizos de Circe. Ello debido a que el dios Hermes, quien se la entrega en el poema, no aparece en toda la película.

7) Mención aparte para Matt Damon, el simpático actor que personificó al inestable Will Hunting, el soldado Ryan, el astronauta perdido en Marte en The martian, el capitán de rugby en Invictus, entre otros personajes. Su Odiseo está diseñado por Nolan para generar compasión debido al tormento que sufre por la destrucción y muerte llevadas a cabo durante el incendio y saqueo de Troya. No tiene la sinvergüencería y soberbia del poema épico, sino que da la impresión de ser un Odiseo llorón que necesita consuelo casi permanente. Nunca Jason Bourne estuvo tan atormentado. Ya no tiene pesadillas, sino recuerdos fragmentados. Sin duda, la flor de loto que le dio Calipso le hizo efecto. ¡Qué diferencia con el convincente Kirk Douglas en Ulises de 1954! Ahí poco a poco recupera la memoria en la isla de los feacios, mientras una inocente Nausicaa, hija de los reyes Alcinoo y Arete, iba a casarse con él. Pero el mejor Odiseo que he visto en pantalla es el que encarnó el francés Armand Assante en la versión televisiva de 1997: pícaro, estratega, orgulloso, nostálgico, valiente y frágil. Todo al mismo tiempo, mientras su viaje de regreso a casa y la maldición de Poseidón lo forjan en el camino. Sin duda, un digno trabajo a la altura del personaje que creó Homero.

El resto de la película tiene momentos de interés alternados con altibajos en cuanto a escenas y personajes:

A) el cíclope Polifemo parece el hombre con ojos en las manos de la película El laberinto del fauno y, a pesar de poder hablar, sólo se oyen sus gritos (la escena es una de las mejores del filme y es intensa);

B) Sinón, un personaje salido de La Eneida de Virgilio, es interpretado por un hombre con voz femenina (¿no será porque lo interpreta Ellen Page, ahora conocido como Elliot, un detalle woke de Nolan que hizo que muchos creyeran que iba a interpretar a Aquiles?);

C) los lestrigones no parecen gigantes caníbales sino soldados con armadura medieval con la fuerza de Hulk;

D) apenas se ven a las sirenas en la escena en que Odiseo es atado a su barco (que parece más nórdico que griego) mientras sus soldados tienen los oídos tapados con cera;

E) el Hades parece más un paisaje seco y helado donde ni siquiera aparece Anticlea, la madre de Odiseo, muerta por voluntad propia tras no soportar la pena por la incertidumbre de no saber si su hijo estaba vivo o muerto. A propósito, el adivino Tiresias es interpretado por James “si hay plata lo hago” Remar frente al gran Christopher Lee de la versión de 1997;

F) Escilas es el monstruo CGI más logrado del filme y junto al remolino Caribdis representan el dilema del mal menor ante una situación difícil;

G) La armadura de Agamenón parece la antecesora del Batman de la trilogía de El Caballero de la noche, cuando en la etapa final de la Edad de Bronce, época en la que se desarrolla La Odisea, aún no se habían forjado las armaduras de hierro.

Y así podríamos seguir mencionando más altibajos, licencias históricas, ausencia de personajes divinos e imprecisiones.

La Odisea es una exitosa película de interés y al mismo tiempo llena de falencias. Posee logrados efectos prácticos y escenarios mediterráneos exóticos, pero introduce, como gotas, el progresismo para hacer más “moderna” esta adaptación y eso la hace menos verosímil. Tiene un enfoque más psicológico del personaje principal, pero una atmósfera más oscura de lo necesario. No está entre lo mejor del cineasta y, como ya mencioné, me quedo con la versión clásica de 1997, aunque lo más recomendable es leer el poema mismo y disfrutar de su bello lenguaje que fue la semilla de la literatura de Occidente.

No obstante, creo que la mejor forma de terminar esta extensa crítica es mencionar las palabras de Poseidón: sin los dioses el hombre es nada.