miércoles, 15 de abril de 2026

Comicios ilegítimos: el Morrocoy


Perú está viviendo un drama colectivo con unas elecciones cuya legitimidad está dañada por las innumerables denuncias de fraude que muchos ciudadanos han manifestado en los medios y redes sociales. No cabe duda que esto será el inicio de una etapa de tensión que puede derivar en disturbios, parálisis económica, enfrentamientos fratricidas e incluso una ruptura del orden constitucional. La incertidumbre ya se vive y la credibilidad de las instituciones electorales se ha perdido para muchos.

¿Cómo es posible que se haya llegado a esta situación? Para eso tenemos que echar la vista hacia atrás, hasta julio de 2024, momento en que dos cuestionados miembros de la Junta Nacional de Justicia, antes de ser destituidos por el Congreso de la República, aprovecharon una resolución judicial exprés para ser repuestos en sus cargos y, uno de sus últimos actos, antes de que el Tribunal Constitucional le diera la razón al Congreso, fue ratificar a Piero Corvetto como presidente de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).
Corvetto estaba cuestionado por su manejo del proceso electoral de 2021 debido a las pruebas de menores de edad, extranjeros y hasta fallecidos en las actas de votación.

Al mismo tiempo, el entonces presidente del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Jorge Salas Arenas, abogado conocido por su simpatía hacia la extrema izquierda y defensa legal de terroristas de Sendero Luminoso en los años ochenta, vetó de su inscripción a varios partidos políticos por detalles menores, pero permitió la inscripción del partido Perú Libre, del hoy prófugo Vladimir Cerrón, sentenciado por corrupción y consecuentemente impedido por ley de formar parte de la plancha presidencial del entonces candidato Pedro Castillo. Este último sólo tenía una candidata a vicepresidente (la futura presidente Dina Boluarte), y no dos, como establece la Ley Orgánica de Elecciones, y Castillo no consignó en su hoja de vida ser dueño de una empresa y de un inmueble en su natal Chota. Nada de esto importó y su inscripción se dio más rápido que decir “la cuenta, por favor”.

Además de todo lo anterior, el JNE no permitió la incorporación en su equipo, de un representante del Colegio de Abogados de Lima, debido a las no menos cuestionadas maniobras de impedimento de la entonces decana María Luisa Portocarrero. Sumado a la falta de personeros del partido Fuerza Popular en varios centros de votación, sobre todo en el sur del país, a la agresividad y manejo de las mesas de sufragio por parte de militantes de Perú Libre, y a la votación masiva de adultos mayores, Castillo fue proclamado presidente electo, con la satisfacción de Salas Arenas. Todo lo que sucedió después es historia conocida y parte de un trauma del cual el país no ha logrado sanar.

Cinco años después, pese al cambio de coyuntura, Corvetto realizó un manejo aún peor, pues la ONPE a su cargo no envió material de votación a muchas mesas habilitadas en Lima Metropolitana a la hora establecida y contrató a una empresa de logística en lugar de emplear a las fuerzas Armadas para ello, a cuyos miembros, dicho sea de paso, se les prohibió votar, al igual que a la policía. Una decisión que también se dio en 2021. La enorme cantidad de mesas cerradas al mediodía del domingo o el material entregado con varias horas de retraso, irritó a la ciudadanía, perjudicando a millones de personas, haciendo que volvieran a sus casas y que se extendiera el horario de votación e incluso los comicios al día lunes en algunos lugares, algo nunca visto en la historia de Hispanoamérica.

Muchos ciudadanos denunciaron estas irregularidades haciendo mención a una estrategia de fraude empleada en la Venezuela chavista llamada el Morrocoy, una tortuga oriunda de dicho país, usada como metáfora de la lentitud a la hora de abrir centros de votación, pero con mesas sin material de sufragio. A ello se suman las mesas cerradas o el ausentismo generado por la mala gestión de la ONPE (no por no querer votar) en lugares donde la oposición tenía asegurado un buen caudal de votos. ¿Qué significa eso? Pues hacer trampa, torcer la voluntad popular. Quién niega eso a la prensa o en redes queda como una persona mezquina y descarada.

Sin duda, la credibilidad de la ONPE ha quedado desprestigiada y la legitimidad de estos comicios destruida. Lo correcto es declarar su nulidad, independientemente de quién pase a segundo lugar frente a la eterna candidata Keiko Fujimori. No conozco el futuro, pero creo que nubes negras se están formando sobre el horizonte. Operar en las sombras para favorecer una opción política y presentarla como legal y transparente no es sólo una ofensa, es un delito. ¿En serio los ciudadanos peruanos se van a dejar robar sus votos y vivir con la humillada cerviz, pese a la denuncia penal que ahora pesa sobre Piero Corvetto y demás funcionarios del sistema electoral?

lunes, 16 de marzo de 2026

Una estatuilla tras otra


Mucha gente sabe que el Oscar ya no entusiasma como antaño, pues los años 50 se terminaron antes de que muchos de nosotros naciéramos, que muchos talentos de la dirección, de la actuación o de los aspectos técnicos y artísticos fueran injustamente ignorados frente a otros premiados que nadie recuerda hoy, o que la deriva ideológica de los miembros de la Academia sea cada vez más notoria y menos objetiva. Los últimos 10 años son prueba irrefutable de ello, pese a la presión del marketing, de la crítica pseudo especializada y de las declaraciones políticas de los protagonistas de cada superproducción que sólo persigue tu dinero haciéndote creer que hacen arte.

El ejemplo más notorio de todo lo anterior es la premiada Una batalla tras otra, un pastiche satírico e indulgente hacia el terrorismo de tipo guerrillero guevarista en un país donde la autoridad es caricaturizada y hasta ridiculizada. Técnicamente es un producto impecable con persecuciones bien filmadas, (sobre todo la última, en la carretera), pero artísticamente se queda en el intento de ser humana. Al fin y al cabo, los terroristas también tienen sentimientos (parece que no así las víctimas de sus atentados, según la película, porque todos en ella son invisibilizados).

Paul Thomas Anderson fue premiado como mejor director por este filme, aunque no sea su mejor trabajo. Más bien se siente como un reconocimiento tardío (no vaya ser que se retire del cine o fallezca antes de tiempo, provocando una nueva vergüenza en la Academia). Algo similar a Martín Scorsese con Los infiltrados, frente a obras maestras como Taxi Driver, Toro salvaje o Buenos muchachos. De la misma forma, Anderson tiene grandes películas como Magnolia, Petróleo sangriento o El hilo fantasma. Todas ellas se ven mejor que esta inconclusa sátira de la violencia guerrillera.

Leonardo DiCaprio se ve casi risible en su papel de envejecido “terruco” cuya performance parece querer imitar la de Edward Norton en El club de la pelea, en su escape antes del enfrentamiento final. Benicio del Toro aparece con su típica expresión estándar de latino cínico, desilusionado y pícaro que ya vimos en Tráfico y Sicario. Sean Penn (ya mayor) es el típico militar de mente parametrada y racista que desprecia a todos los que tienen un pequeño rastro de mestizaje. Un personaje frío, patético y caricaturesco que evidencia la orientación política del guión, y su muerte lo deja en evidencia.

El abundante lenguaje grosero, las alusiones constantes a partes íntimas, felaciones, violaciones y paternidad irresponsable dejan en exhibición una galería de personajes inmaduros, cínicos, egoístas y carentes de consideración o inspiración. La película debería llamarse Una vicisitud tras otra, pues lo noble, épico y solidario brillan por su ausencia frente a lo puramente instintivo. Hasta la desastrosa Calabozos y dragones (2000) con su bufonesco Jeremy Irons tiene más idealismo frente a esta historia sucia y nada estimulante.

En otras palabras, Una batalla tras otra es producto de una época donde el cine de Hollywood, pese a toda su maquinaria multimillonaria, perdió su capacidad de conectar con los corazones de las audiencias y sólo persigue dinero o auto-reconocimientos. Eso es resultado de encorsetar la libertad creativa bajo reglas cuya consecuencia directa son más bien productos que hacen preguntarse por qué le dan el premio a filmes que el público no va a ver con entusiasmo. La misma pregunta se podría plantear a la hora de dar tantas nominaciones a pretenciosas y mugrientas historias de vampiros afroamericanos como es Los pecadores.

Al menos no todo está perdido: el agradecimiento de la premiada actriz Jesse Buckley y su aprecio por la maternidad junto a su esposo, y el premio a mejor actor para el talentoso Michael B. Jordan, el popular Adonis de Creed 1 y 2 (en la práctica Rocky 7 y 8) y Kilmonger en Pantera Negra, frente a Timothée Chalamet y su descarado desprecio por la ópera y el ballet, bien ironizado por el presentador Conan O'Brien y recordado por los fans de Tom “Spiderman” Holland danzando solos de ballet. ¡Ubícate, Paul Atreides!

martes, 10 de febrero de 2026

Bad Bunny y las setas venenosas



Mucho se habla de Bad Bunny y de su presentación en el Super Bowl 2026, un evento que le interesa más a los gringos que a los hispanos, pero en esta ocasión se le quiso dar un toque “latino” bailando salsa y mostrando banderitas de los países de habla hispana. Hasta ahí llega todo lo bueno, porque el principal representante de una industria decadente que sólo quiere tu plata empezó a “cantar” provocando curiosidad en los gringos y muerte de neuronas en sus fans.

Nunca imaginé escribir sobre este personaje y todo el revuelo mediático que generó tras recibir su Grammy al “mejor álbum del año” y presentarse posteriormente en el citado evento que mueve fortunas y es visto en vivo por más de dos millones de personas. Porque lo suyo no es música, es marketing. La industria musical lo presenta como ejemplo de “masculinidad no tóxica”, mientras sus canciones cosifican de manera descarada a la mujer, mientras balbucea delante de un micrófono para ser luego editado con abundante autotune. Y todo para que miles de jóvenes lo bailen mientras se pegan una bomba, inconscientes de los mensajes que transmiten sus composiciones. 

No voy a poder olvidar aquélla noche de 2023, cuando una fan quiso tomarse un selfie con él mientras caminaban y él le arrebató el celular y se lo arrojó al agua. Encima se declara anticapitalista, pero gran parte de sus millonarias inversiones están en un país capitalista. Al mismo tiempo, le sigue el relato a los del Partido Demócrata declarándose a favor de los indocumentados que entran en el país que le hace ganar millones de dólares, despotricando contra los agentes de ICE, sin importar lo cuestionables o no que sean sus métodos de detención, o los bloqueos a sus intervenciones llevados a cabo por activistas progresistas.

El hecho de que este boricua se vea acompañado de Ricky Martín o Lady Gaga, según mi interpretación, es para que los gringos lo conozcan y se animen a hablar algo de español, aunque nadie entienda los sonidos que salen de su boca. Me hace recordar a Cantinflas (salvando las grandes distancias) cuando actuó en la película “La vuelta al mundo en 80 días” (1956) acompañado por 44 estrellas de su tiempo (Frank Sinatra, Marlene Dietrich, Buster Keaton, Peter Lorre, entre otros) para ser lanzado a la fama en Estados Unidos, pero nunca más volvió a trabajar en Hollywood.

Ante todo esto es inevitable preguntarse “¿Qué te pasó, mundo?” después de oír una sola de sus canciones, cualquiera que se te venga a la mente. La industria que lo promueve sabe de psicología y sólo quiere tu dinero sin importarle los efectos que genera en el inconsciente colectivo: acosos, sexo irresponsable, violaciones, patanería, infidelidades, vulgaridad, malos modales, etc. Ni hablar de la nula calidad de su obra frente a titanes de la música comercial hispana como Luis Miguel, Jorge Drexler, Juanes, Gianmarco, entre otros.

Compararlo con la revolución mediática que impuso el rey del pop Michael Jackson en el Super Bowl de 1993, equivale a que un borracho acostumbrado a los piques compita contra Michael Schumacher. Así que, por favor, si quieres cultivar tu intelecto con la música, escucha a Mozart; si quieres tener buen oído comercial escucha a AC/DC; si quieres mover el trasero con una buena salsa escucha a Celia Cruz; y si quieres meditar en una iglesia escucha los cantos gregorianos. Porque escuchar a este “Conejito Malo” es como comer pizza con setas venenosas.