lunes, 25 de mayo de 2026

Noelia Castillo: la sociedad ensimismada


Hace ocho años mencioné el caso de Alfie Evans (aquí tienen el enlace: PAN DE AZÚCAR PERÚ: En memoria de Alfie Evans) y denuncié el trato frío y hasta inhumano que el Estado inglés le dio a sus padres a la hora de quitarle la vida por medio de la eutanasia, ignorando las peticiones de muchas personas de buena voluntad para que fuera atendido en Italia. Hace algo más de un mes se produjo otro caso de eutanasia, pero la protagonista de esta tragedia fue una joven adulta española que sólo quería morir, ignorando todas las súplicas de reconsideración de personas que estaban dispuestas a ayudarla a vivir con dignidad. Su nombre era Noelia Castillo.

Noelia Castillo tenía 25 años y fue ultrajada en manada en el centro de tutelaje donde vivía tras el divorcio de sus padres. Tras intentar suicidarse tirándose de la azotea del citado centro, quedó con secuelas físicas y psicológicas permanentes. Luego de una batalla judicial de año y medio, recibió la eutanasia, pese a los ruegos de su padre y a la ayuda médica y psicológica que ofreció pagarle el pianista James Rhodes. A raíz de este caso, se produjo un revuelo mediático, legal y político que dio la vuelta al mundo y encendió el debate sobre la legalización de la eutanasia.

Para abordar este caso, el presente artículo sirve de tribuna para dar voz a una mujer versada en temas éticos y filosóficos. Hablo de Paloma Hernández, autora de varios libros y creadora del canal de YouTube Fortunata y Jacinta, donde aborda diferentes temas que afectan a su país, España, y al resto de Europa, con un estilo pulido y un lenguaje lleno de una destacada erudición. Su análisis ético y sociológico del caso Noelia Castillo es contundente, pero recomendable. Aquí va:

"Publico este programa para abordar un aspecto muy concreto del caso Noelia Castillo. Me refiero al progresivo vaciamiento de la identidad nacional y lo que ello comporta, en lo que se refiere a buenos modelos a seguir o a imitar. Porque en defecto, muchos españoles han olvidado o desconocen de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde nos lleva el actual estado de las cosas.

Este extravío identitario se manifiesta, por ejemplo, en esta pérdida o en este desconocimiento de los referentes y figuras que han contribuido a forjar a España. Un desconocimiento que se aprecia especialmente entre los más jóvenes. La pérdida de estos modelos sólidos guarda una estrecha relación con el nihilismo contemporáneo. La desorientación moral y la falta de firmeza se percibe en amplios sectores de la sociedad. Muchos individuos desvinculados de su tradición son incapaces de sentirse orgullosos de su herencia cultural hispánica y católica, en nuestro caso. En su lugar, adoptan identidades difusas, como la de presentarse como ciudadanos del mundo. Identidades que, aunque atractivas en apariencia, carecen de arraigo real. Muchas otras personas adoptan como referentes patrones de éxito aparente, patrones superficiales y efímeros, amplificados constantemente por las redes sociales. 

Esta desvinculación ha generado una sociedad sin referentes ejemplares ni ejemplarizantes. Sin tener como referente vidas modélicas de personas que enseñan que el sufrimiento es parte de la vida, y que lejos de evitarlo a toda costa, es necesario dotar a esa existencia, a esa vida, a esa persona y a ese sufrimiento, de sentido y de dignidad. Porque de lo que se trata, en suma, es de dignificar esa vida humana doliente.

A lo largo de la historia han existido figuras que encarnan esta actitud ante la adversidad. Jesús de Nazaret es el mayor ejemplo que tenemos. Alguien que soporta la traición, el escarnio, el abandono. la incomprensión, que se sobrepone a las tentaciones más duras. Que sufre extremo sufrimiento físico y moral, calumnias, etc., pero que se sobrepone, aguanta con firmeza y persevera hasta el final por una causa que trasciende su propia vida. Finalmente, Cristo crucificado muere por una buena causa. Ahí está la idea del sacrificio personal por algo que está por encima de uno mismo.

Pues bien, esta idea está desapareciendo; la idea de que en la vida unas veces vienen las cosas bien dadas y otras vienen mal dadas. Y que en el momento en que vienen mal dadas hay que ejercitar la fortaleza, firmeza para con uno mismo y generosidad para con los demás (...). En esa línea, la tradición española ofrece numerosos ejemplos de fortaleza ante el dolor. Por citar sólo algunos, tenemos a Miguel de Cervantes, que continuó su obra tras sufrir las penurias en cautiverio tras perder el uso de una mano en Lepanto; Francisco de Goya, que tras quedar sordo desarrolló algunas de sus obras más profundas; Teresa de Jesús, aquejada de múltiples enfermedades desde muy joven y durante toda su vida; o Blas de Lezo, que pese a perder una pierna, un brazo y un ojo, continuó defendiendo con éxito los intereses de España. Incluso en el ámbito contemporáneo, figuras como Santiago Ramón y Cajal, que superó duras condiciones personales y de salud, muestran que la adversidad no anula la grandeza humana.

Estos modelos ejemplarizantes están desapareciendo. Tantos héroes míticos, pero también buenos gobernantes, buenos militares y conquistadores, tantos santos y mártires de la tradición española. En su lugar se impone una cultura del ensimismamiento, porque ojo, este ensimismamiento no implica solamente el mirarse a uno mismo en sentido introspectivo (...). Ese ensimismamiento implica algo mucho más grave y es que el individuo, absorto en su propia mismidad, deja de mirar a los demás. Es incapaz de ver las relaciones de dependencia que tiene con las otras personas. El individuo ensimismado olvida que su realización personal nunca es autorrealización. Siempre está ligada a su relación con los otros, a la ayuda mutua, a la responsabilidad compartida. La idea de autorrealización, entendida como independencia absoluta es, en este sentido, una ficción y una ficción muy dañina y muy peligrosa desde el punto de vista político.

Nadie se construye a sí mismo en soledad, sino siempre en el marco de una comunidad. Ese es uno de los gravísimos errores del nihilismo contemporáneo, del egoísmo estrecho del Narciso, del ego que no hace más que crecer, el Narciso que piensa que uno solo se autorrealiza en la medida que se independiza de los deberes y obligaciones para con los demás. En esta línea, por ejemplo, el feminismo dirá que la mujer sólo se autorrealiza, sólo se emancipa en la medida en que no tiene hijos, ni marido, ni familia, ni padres ancianos a los que cuidar ni nada de nada. Pero nada ni nadie se puede autodeterminar ni puede autorrealizarse. Todos estamos co-determinados. La persona sólo se hace persona en una sociedad de personas.

En este contexto, el caso de Noelia Castillo, la joven eutanasiada en España, tiene mucho de ensimismamiento; así que puede interpretarse como un síntoma de esta problemática. ¿Por qué no pudo ver esta pobre muchacha que había algo más, aparte de ella misma? No pudo verlo porque su entorno no se lo dejaba ver. Familiares, amigos, entornos médicos, mediáticos, culturales… ¿Alguien se esforzó en convencer a esta chica de que podía estudiar, por ejemplo? ¿De que más allá de sus problemas físicos o psiquiátricos tenía la capacidad para estudiar o para aprender un oficio? ¿Que podía realizar un trabajo? ¿Acaso tuvo una vida indigna Stephen Hawking por el hecho de estar en una silla de ruedas? ¿Qué alternativas se le dieron a Noelia Castillo para que buscara puntos de apoyo, qué sé yo, en la literatura, la filosofía, la religión, la pintura? ¿Alguien le explicó que la fortaleza es un signo característico de la nación española? Personas extraordinarias, a pesar de soportar tremendos sufrimientos físicos durante toda su vida como (la citada) Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola, Pío Baroja, San Juan de Dios, los mártires de Barbastro, los mártires de Paracuellos, tantos mártires españoles del siglo XX que padecieron persecución, tremendo sufrimiento físico y muerte por su fe. La tradición española está llena de figuras que, pese al sufrimiento físico o moral, desarrollaron vidas fecundas y ejemplares porque no permitieron que el dolor anulara su dignidad. Todo lo contrario, el sufrimiento reforzó su carácter y su contribución.

El entorno familiar, médico, mediático y cultural de Noelia Castillo no supo ofrecerle alternativas de sentido. ¿Se le mostraron caminos que le permitieran proyectarse más allá de sus limitaciones físicas y psíquicas? ¿Se le ofrecieron herramientas como el estudio, un oficio o la religión, que pudieran darle un propósito vital más allá de su propia mismidad? La historia demuestra que incluso en situaciones de gran sufrimiento es posible desarrollar una vida valiosa y fecunda. Existen numerosos ejemplos que cuestionan que la idea de que una vida limitada por la enfermedad o por la discapacidad carezca de valor. Ya hemos citado a Stephen Hawking, pero Marie Curie, el Padre Pío de Pietrelcina, …son innumerables los casos que demuestran que el sufrimiento, aunque real y difícil, no anula necesariamente la dignidad ni el sentido de la vida.

Noelia Castillo ha fallecido, sí, pero su figura sigue teniendo un impacto fortísimo en la sociedad. Su caso puede convertirse en un referente peligroso influyendo en otras personas que, en situaciones similares a la suya, comiencen a considerar la eutanasia como una opción para escapar del sufrimiento. Por ello resulta especialmente preocupante que estén desapareciendo los modelos que enseñan a afrontar el sufrimiento con fortaleza, que enseñan a trascender el propio dolor y a encontrar sentido más allá de uno mismo. (...) Son precisamente los modelos contrarios a la eutanasia los que están desapareciendo de nuestra sociedad. Aquéllos que nos enseñan que el sufrimiento forma parte de la vida y que tenemos que sobreponernos y luchar. Son aquéllos que enseñan la virtud de la fortaleza. La virtud de mirar más allá de uno mismo. Son aquéllos que nos enseñan a salir del ensimismamiento que nos destruye a escala individual, social y política.

En definitiva, el debate sobre la eutanasia no puede reducirse a una cuestión individual, de que fuera el deseo soberano de Noelia, de que ella actuaba con libertad. No. Es un problema moral, ético y político. Problema fundamental que refleja el tipo de sociedad que estamos construyendo: una sociedad cada vez más individualista, desarraigada y carente de referentes sólidos, donde el sufrimiento tiende a ser eliminado en lugar de ser comprendido e integrado como parte de la condición humana".


Como epílogo, quiero agregar que hace pocos días la organización Abogados Cristianos llevó el asunto hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, denunciando al Estado español de haber vulnerado el derecho fundamental a la vida de la joven. Esto se da especialmente porque tanto el Tribunal Supremo como el Tribunal Constitucional rechazaron revisar el fondo del caso antes de que se ejecutara la eutanasia. Además, la denuncia sostiene que no se garantizaron adecuadamente los derechos procesales de la familia ni la tutela judicial efectiva y que no existieron suficientes garantías médicas, jurídicas y éticas. Veremos cómo termina este asunto.


miércoles, 15 de abril de 2026

Comicios ilegítimos: el Morrocoy


Perú está viviendo un drama colectivo con unas elecciones cuya legitimidad está dañada por las innumerables denuncias de fraude que muchos ciudadanos han manifestado en los medios y redes sociales. No cabe duda que esto será el inicio de una etapa de tensión que puede derivar en disturbios, parálisis económica, enfrentamientos fratricidas e incluso una ruptura del orden constitucional. La incertidumbre ya se vive y la credibilidad de las instituciones electorales se ha perdido para muchos.

¿Cómo es posible que se haya llegado a esta situación? Para eso tenemos que echar la vista hacia atrás, hasta julio de 2024, momento en que dos cuestionados miembros de la Junta Nacional de Justicia, antes de ser destituidos por el Congreso de la República, aprovecharon una resolución judicial exprés para ser repuestos en sus cargos y, uno de sus últimos actos, antes de que el Tribunal Constitucional le diera la razón al Congreso, fue ratificar a Piero Corvetto como presidente de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).
Corvetto estaba cuestionado por su manejo del proceso electoral de 2021 debido a las pruebas de menores de edad, extranjeros y hasta fallecidos en las actas de votación.

Al mismo tiempo, el entonces presidente del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Jorge Salas Arenas, abogado conocido por su simpatía hacia la extrema izquierda y defensa legal de terroristas de Sendero Luminoso en los años ochenta, vetó de su inscripción a varios partidos políticos por detalles menores, pero permitió la inscripción del partido Perú Libre, del hoy prófugo Vladimir Cerrón, sentenciado por corrupción y consecuentemente impedido por ley de formar parte de la plancha presidencial del entonces candidato Pedro Castillo. Este último sólo tenía una candidata a vicepresidente (la futura presidente Dina Boluarte), y no dos, como establece la Ley Orgánica de Elecciones, y Castillo no consignó en su hoja de vida ser dueño de una empresa y de un inmueble en su natal Chota. Nada de esto importó y su inscripción se dio más rápido que decir “la cuenta, por favor”.

Además de todo lo anterior, el JNE no permitió la incorporación en su equipo, de un representante del Colegio de Abogados de Lima, debido a las no menos cuestionadas maniobras de impedimento de la entonces decana María Luisa Portocarrero. Sumado a la falta de personeros del partido Fuerza Popular en varios centros de votación, sobre todo en el sur del país, a la agresividad y manejo de las mesas de sufragio por parte de militantes de Perú Libre, y a la votación masiva de adultos mayores, Castillo fue proclamado presidente electo, con la satisfacción de Salas Arenas. Todo lo que sucedió después es historia conocida y parte de un trauma del cual el país no ha logrado sanar.

Cinco años después, pese al cambio de coyuntura, Corvetto realizó un manejo aún peor, pues la ONPE a su cargo no envió material de votación a muchas mesas habilitadas en Lima Metropolitana a la hora establecida y contrató a una empresa de logística en lugar de emplear a las fuerzas Armadas para ello, a cuyos miembros, dicho sea de paso, se les prohibió votar, al igual que a la policía. Una decisión que también se dio en 2021. La enorme cantidad de mesas cerradas al mediodía del domingo o el material entregado con varias horas de retraso, irritó a la ciudadanía, perjudicando a millones de personas, haciendo que volvieran a sus casas y que se extendiera el horario de votación e incluso los comicios al día lunes en algunos lugares, algo nunca visto en la historia de Hispanoamérica.

Muchos ciudadanos denunciaron estas irregularidades haciendo mención a una estrategia de fraude empleada en la Venezuela chavista llamada el Morrocoy, una tortuga oriunda de dicho país, usada como metáfora de la lentitud a la hora de abrir centros de votación, pero con mesas sin material de sufragio. A ello se suman las mesas cerradas o el ausentismo generado por la mala gestión de la ONPE (no por no querer votar) en lugares donde la oposición tenía asegurado un buen caudal de votos. ¿Qué significa eso? Pues hacer trampa, torcer la voluntad popular. Quién niega eso a la prensa o en redes queda como una persona mezquina y descarada.

Sin duda, la credibilidad de la ONPE ha quedado desprestigiada y la legitimidad de estos comicios destruida. Lo correcto es declarar su nulidad, independientemente de quién pase a segundo lugar frente a la eterna candidata Keiko Fujimori. No conozco el futuro, pero creo que nubes negras se están formando sobre el horizonte. Operar en las sombras para favorecer una opción política y presentarla como legal y transparente no es sólo una ofensa, es un delito. ¿En serio los ciudadanos peruanos se van a dejar robar sus votos y vivir con la humillada cerviz, pese a la denuncia penal que ahora pesa sobre Piero Corvetto y demás funcionarios del sistema electoral?

lunes, 16 de marzo de 2026

Una estatuilla tras otra


Mucha gente sabe que el Oscar ya no entusiasma como antaño, pues los años 50 se terminaron antes de que muchos de nosotros naciéramos, que muchos talentos de la dirección, de la actuación o de los aspectos técnicos y artísticos fueran injustamente ignorados frente a otros premiados que nadie recuerda hoy, o que la deriva ideológica de los miembros de la Academia sea cada vez más notoria y menos objetiva. Los últimos 10 años son prueba irrefutable de ello, pese a la presión del marketing, de la crítica pseudo especializada y de las declaraciones políticas de los protagonistas de cada superproducción que sólo persigue tu dinero haciéndote creer que hacen arte.

El ejemplo más notorio de todo lo anterior es la premiada Una batalla tras otra, un pastiche satírico e indulgente hacia el terrorismo de tipo guerrillero guevarista en un país donde la autoridad es caricaturizada y hasta ridiculizada. Técnicamente es un producto impecable con persecuciones bien filmadas, (sobre todo la última, en la carretera), pero artísticamente se queda en el intento de ser humana. Al fin y al cabo, los terroristas también tienen sentimientos (parece que no así las víctimas de sus atentados, según la película, porque todos en ella son invisibilizados).

Paul Thomas Anderson fue premiado como mejor director por este filme, aunque no sea su mejor trabajo. Más bien se siente como un reconocimiento tardío (no vaya ser que se retire del cine o fallezca antes de tiempo, provocando una nueva vergüenza en la Academia). Algo similar a Martín Scorsese con Los infiltrados, frente a obras maestras como Taxi Driver, Toro salvaje o Buenos muchachos. De la misma forma, Anderson tiene grandes películas como Magnolia, Petróleo sangriento o El hilo fantasma. Todas ellas se ven mejor que esta inconclusa sátira de la violencia guerrillera.

Leonardo DiCaprio se ve casi risible en su papel de envejecido “terruco” cuya performance parece querer imitar la de Edward Norton en El club de la pelea, en su escape antes del enfrentamiento final. Benicio del Toro aparece con su típica expresión estándar de latino cínico, desilusionado y pícaro que ya vimos en Tráfico y Sicario. Sean Penn (ya mayor) es el típico militar de mente parametrada y racista que desprecia a todos los que tienen un pequeño rastro de mestizaje. Un personaje frío, patético y caricaturesco que evidencia la orientación política del guión, y su muerte lo deja en evidencia.

El abundante lenguaje grosero, las alusiones constantes a partes íntimas, felaciones, violaciones y paternidad irresponsable dejan en exhibición una galería de personajes inmaduros, cínicos, egoístas y carentes de consideración o inspiración. La película debería llamarse Una vicisitud tras otra, pues lo noble, épico y solidario brillan por su ausencia frente a lo puramente instintivo. Hasta la desastrosa Calabozos y dragones (2000) con su bufonesco Jeremy Irons tiene más idealismo frente a esta historia sucia y nada estimulante.

En otras palabras, Una batalla tras otra es producto de una época donde el cine de Hollywood, pese a toda su maquinaria multimillonaria, perdió su capacidad de conectar con los corazones de las audiencias y sólo persigue dinero o auto-reconocimientos. Eso es resultado de encorsetar la libertad creativa bajo reglas cuya consecuencia directa son más bien productos que hacen preguntarse por qué le dan el premio a filmes que el público no va a ver con entusiasmo. La misma pregunta se podría plantear a la hora de dar tantas nominaciones a pretenciosas y mugrientas historias de vampiros afroamericanos como es Los pecadores.

Al menos no todo está perdido: el agradecimiento de la premiada actriz Jesse Buckley y su aprecio por la maternidad junto a su esposo, y el premio a mejor actor para el talentoso Michael B. Jordan, el popular Adonis de Creed 1 y 2 (en la práctica Rocky 7 y 8) y Kilmonger en Pantera Negra, frente a Timothée Chalamet y su descarado desprecio por la ópera y el ballet, bien ironizado por el presentador Conan O'Brien y recordado por los fans de Tom “Spiderman” Holland danzando solos de ballet. ¡Ubícate, Paul Atreides!

martes, 10 de febrero de 2026

Bad Bunny y las setas venenosas



Mucho se habla de Bad Bunny y de su presentación en el Super Bowl 2026, un evento que le interesa más a los gringos que a los hispanos, pero en esta ocasión se le quiso dar un toque “latino” bailando salsa y mostrando banderitas de los países de habla hispana. Hasta ahí llega todo lo bueno, porque el principal representante de una industria decadente que sólo quiere tu plata empezó a “cantar” provocando curiosidad en los gringos y muerte de neuronas en sus fans.

Nunca imaginé escribir sobre este personaje y todo el revuelo mediático que generó tras recibir su Grammy al “mejor álbum del año” y presentarse posteriormente en el citado evento que mueve fortunas y es visto en vivo por más de dos millones de personas. Porque lo suyo no es música, es marketing. La industria musical lo presenta como ejemplo de “masculinidad no tóxica”, mientras sus canciones cosifican de manera descarada a la mujer, mientras balbucea delante de un micrófono para ser luego editado con abundante autotune. Y todo para que miles de jóvenes lo bailen mientras se pegan una bomba, inconscientes de los mensajes que transmiten sus composiciones. 

No voy a poder olvidar aquélla noche de 2023, cuando una fan quiso tomarse un selfie con él mientras caminaban y él le arrebató el celular y se lo arrojó al agua. Encima se declara anticapitalista, pero gran parte de sus millonarias inversiones están en un país capitalista. Al mismo tiempo, le sigue el relato a los del Partido Demócrata declarándose a favor de los indocumentados que entran en el país que le hace ganar millones de dólares, despotricando contra los agentes de ICE, sin importar lo cuestionables o no que sean sus métodos de detención, o los bloqueos a sus intervenciones llevados a cabo por activistas progresistas.

El hecho de que este boricua se vea acompañado de Ricky Martín o Lady Gaga, según mi interpretación, es para que los gringos lo conozcan y se animen a hablar algo de español, aunque nadie entienda los sonidos que salen de su boca. Me hace recordar a Cantinflas (salvando las grandes distancias) cuando actuó en la película “La vuelta al mundo en 80 días” (1956) acompañado por 44 estrellas de su tiempo (Frank Sinatra, Marlene Dietrich, Buster Keaton, Peter Lorre, entre otros) para ser lanzado a la fama en Estados Unidos, pero nunca más volvió a trabajar en Hollywood.

Ante todo esto es inevitable preguntarse “¿Qué te pasó, mundo?” después de oír una sola de sus canciones, cualquiera que se te venga a la mente. La industria que lo promueve sabe de psicología y sólo quiere tu dinero sin importarle los efectos que genera en el inconsciente colectivo: acosos, sexo irresponsable, violaciones, patanería, infidelidades, vulgaridad, malos modales, etc. Ni hablar de la nula calidad de su obra frente a titanes de la música comercial hispana como Luis Miguel, Jorge Drexler, Juanes, Gianmarco, entre otros.

Compararlo con la revolución mediática que impuso el rey del pop Michael Jackson en el Super Bowl de 1993, equivale a que un borracho acostumbrado a los piques compita contra Michael Schumacher. Así que, por favor, si quieres cultivar tu intelecto con la música, escucha a Mozart; si quieres tener buen oído comercial escucha a AC/DC; si quieres mover el trasero con una buena salsa escucha a Celia Cruz; y si quieres meditar en una iglesia escucha los cantos gregorianos. Porque escuchar a este “Conejito Malo” es como comer pizza con setas venenosas.