PAN DE AZÚCAR PERÚ
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miércoles, 22 de julio de 2026
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lunes, 25 de mayo de 2026
Noelia Castillo: la sociedad ensimismada
Hace ocho años mencioné el caso de Alfie Evans (aquí tienen el enlace: PAN DE AZÚCAR PERÚ: En memoria de Alfie Evans) y denuncié el trato frío y hasta inhumano que el Estado inglés le dio a sus padres a la hora de quitarle la vida por medio de la eutanasia, ignorando las peticiones de muchas personas de buena voluntad para que fuera atendido en Italia. Hace algo más de un mes se produjo otro caso de eutanasia, pero la protagonista de esta tragedia fue una joven adulta española que sólo quería morir, ignorando todas las súplicas de reconsideración de personas que estaban dispuestas a ayudarla a vivir con dignidad. Su nombre era Noelia Castillo.
Noelia Castillo tenía 25 años y fue ultrajada en manada en el centro de tutelaje donde vivía tras el divorcio de sus padres. Tras intentar suicidarse tirándose de la azotea del citado centro, quedó con secuelas físicas y psicológicas permanentes. Luego de una batalla judicial de año y medio, recibió la eutanasia, pese a los ruegos de su padre y a la ayuda médica y psicológica que ofreció pagarle el pianista James Rhodes. A raíz de este caso, se produjo un revuelo mediático, legal y político que dio la vuelta al mundo y encendió el debate sobre la legalización de la eutanasia.
Para abordar este caso, el presente artículo sirve de tribuna para dar voz a una mujer versada en temas éticos y filosóficos. Hablo de Paloma Hernández, autora de varios libros y creadora del canal de YouTube Fortunata y Jacinta, donde aborda diferentes temas que afectan a su país, España, y al resto de Europa, con un estilo pulido y un lenguaje lleno de una destacada erudición. Su análisis ético y sociológico del caso Noelia Castillo es contundente, pero recomendable. Aquí va:
"Publico este programa para abordar un aspecto muy concreto del caso Noelia Castillo. Me refiero al progresivo vaciamiento de la identidad nacional y lo que ello comporta, en lo que se refiere a buenos modelos a seguir o a imitar. Porque en defecto, muchos españoles han olvidado o desconocen de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde nos lleva el actual estado de las cosas.
Este extravío identitario se manifiesta, por ejemplo, en esta pérdida o en este desconocimiento de los referentes y figuras que han contribuido a forjar a España. Un desconocimiento que se aprecia especialmente entre los más jóvenes. La pérdida de estos modelos sólidos guarda una estrecha relación con el nihilismo contemporáneo. La desorientación moral y la falta de firmeza se percibe en amplios sectores de la sociedad. Muchos individuos desvinculados de su tradición son incapaces de sentirse orgullosos de su herencia cultural hispánica y católica, en nuestro caso. En su lugar, adoptan identidades difusas, como la de presentarse como ciudadanos del mundo. Identidades que, aunque atractivas en apariencia, carecen de arraigo real. Muchas otras personas adoptan como referentes patrones de éxito aparente, patrones superficiales y efímeros, amplificados constantemente por las redes sociales.
Esta desvinculación ha generado una sociedad sin referentes ejemplares ni ejemplarizantes. Sin tener como referente vidas modélicas de personas que enseñan que el sufrimiento es parte de la vida, y que lejos de evitarlo a toda costa, es necesario dotar a esa existencia, a esa vida, a esa persona y a ese sufrimiento, de sentido y de dignidad. Porque de lo que se trata, en suma, es de dignificar esa vida humana doliente.
A lo largo de la historia han existido figuras que encarnan esta actitud ante la adversidad. Jesús de Nazaret es el mayor ejemplo que tenemos. Alguien que soporta la traición, el escarnio, el abandono. la incomprensión, que se sobrepone a las tentaciones más duras. Que sufre extremo sufrimiento físico y moral, calumnias, etc., pero que se sobrepone, aguanta con firmeza y persevera hasta el final por una causa que trasciende su propia vida. Finalmente, Cristo crucificado muere por una buena causa. Ahí está la idea del sacrificio personal por algo que está por encima de uno mismo.
Pues bien, esta idea está desapareciendo; la idea de que en la vida unas veces vienen las cosas bien dadas y otras vienen mal dadas. Y que en el momento en que vienen mal dadas hay que ejercitar la fortaleza, firmeza para con uno mismo y generosidad para con los demás (...). En esa línea, la tradición española ofrece numerosos ejemplos de fortaleza ante el dolor. Por citar sólo algunos, tenemos a Miguel de Cervantes, que continuó su obra tras sufrir las penurias en cautiverio tras perder el uso de una mano en Lepanto; Francisco de Goya, que tras quedar sordo desarrolló algunas de sus obras más profundas; Teresa de Jesús, aquejada de múltiples enfermedades desde muy joven y durante toda su vida; o Blas de Lezo, que pese a perder una pierna, un brazo y un ojo, continuó defendiendo con éxito los intereses de España. Incluso en el ámbito contemporáneo, figuras como Santiago Ramón y Cajal, que superó duras condiciones personales y de salud, muestran que la adversidad no anula la grandeza humana.
Estos modelos ejemplarizantes están desapareciendo. Tantos héroes míticos, pero también buenos gobernantes, buenos militares y conquistadores, tantos santos y mártires de la tradición española. En su lugar se impone una cultura del ensimismamiento, porque ojo, este ensimismamiento no implica solamente el mirarse a uno mismo en sentido introspectivo (...). Ese ensimismamiento implica algo mucho más grave y es que el individuo, absorto en su propia mismidad, deja de mirar a los demás. Es incapaz de ver las relaciones de dependencia que tiene con las otras personas. El individuo ensimismado olvida que su realización personal nunca es autorrealización. Siempre está ligada a su relación con los otros, a la ayuda mutua, a la responsabilidad compartida. La idea de autorrealización, entendida como independencia absoluta es, en este sentido, una ficción y una ficción muy dañina y muy peligrosa desde el punto de vista político.
Nadie se construye a sí mismo en soledad, sino siempre en el marco de una comunidad. Ese es uno de los gravísimos errores del nihilismo contemporáneo, del egoísmo estrecho del Narciso, del ego que no hace más que crecer, el Narciso que piensa que uno solo se autorrealiza en la medida que se independiza de los deberes y obligaciones para con los demás. En esta línea, por ejemplo, el feminismo dirá que la mujer sólo se autorrealiza, sólo se emancipa en la medida en que no tiene hijos, ni marido, ni familia, ni padres ancianos a los que cuidar ni nada de nada. Pero nada ni nadie se puede autodeterminar ni puede autorrealizarse. Todos estamos co-determinados. La persona sólo se hace persona en una sociedad de personas.
En este contexto, el caso de Noelia Castillo, la joven eutanasiada en España, tiene mucho de ensimismamiento; así que puede interpretarse como un síntoma de esta problemática. ¿Por qué no pudo ver esta pobre muchacha que había algo más, aparte de ella misma? No pudo verlo porque su entorno no se lo dejaba ver. Familiares, amigos, entornos médicos, mediáticos, culturales… ¿Alguien se esforzó en convencer a esta chica de que podía estudiar, por ejemplo? ¿De que más allá de sus problemas físicos o psiquiátricos tenía la capacidad para estudiar o para aprender un oficio? ¿Que podía realizar un trabajo? ¿Acaso tuvo una vida indigna Stephen Hawking por el hecho de estar en una silla de ruedas? ¿Qué alternativas se le dieron a Noelia Castillo para que buscara puntos de apoyo, qué sé yo, en la literatura, la filosofía, la religión, la pintura? ¿Alguien le explicó que la fortaleza es un signo característico de la nación española? Personas extraordinarias, a pesar de soportar tremendos sufrimientos físicos durante toda su vida como (la citada) Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola, Pío Baroja, San Juan de Dios, los mártires de Barbastro, los mártires de Paracuellos, tantos mártires españoles del siglo XX que padecieron persecución, tremendo sufrimiento físico y muerte por su fe. La tradición española está llena de figuras que, pese al sufrimiento físico o moral, desarrollaron vidas fecundas y ejemplares porque no permitieron que el dolor anulara su dignidad. Todo lo contrario, el sufrimiento reforzó su carácter y su contribución.
El entorno familiar, médico, mediático y cultural de Noelia Castillo no supo ofrecerle alternativas de sentido. ¿Se le mostraron caminos que le permitieran proyectarse más allá de sus limitaciones físicas y psíquicas? ¿Se le ofrecieron herramientas como el estudio, un oficio o la religión, que pudieran darle un propósito vital más allá de su propia mismidad? La historia demuestra que incluso en situaciones de gran sufrimiento es posible desarrollar una vida valiosa y fecunda. Existen numerosos ejemplos que cuestionan que la idea de que una vida limitada por la enfermedad o por la discapacidad carezca de valor. Ya hemos citado a Stephen Hawking, pero Marie Curie, el Padre Pío de Pietrelcina, …son innumerables los casos que demuestran que el sufrimiento, aunque real y difícil, no anula necesariamente la dignidad ni el sentido de la vida.
Noelia Castillo ha fallecido, sí, pero su figura sigue teniendo un impacto fortísimo en la sociedad. Su caso puede convertirse en un referente peligroso influyendo en otras personas que, en situaciones similares a la suya, comiencen a considerar la eutanasia como una opción para escapar del sufrimiento. Por ello resulta especialmente preocupante que estén desapareciendo los modelos que enseñan a afrontar el sufrimiento con fortaleza, que enseñan a trascender el propio dolor y a encontrar sentido más allá de uno mismo. (...) Son precisamente los modelos contrarios a la eutanasia los que están desapareciendo de nuestra sociedad. Aquéllos que nos enseñan que el sufrimiento forma parte de la vida y que tenemos que sobreponernos y luchar. Son aquéllos que enseñan la virtud de la fortaleza. La virtud de mirar más allá de uno mismo. Son aquéllos que nos enseñan a salir del ensimismamiento que nos destruye a escala individual, social y política.
En definitiva, el debate sobre la eutanasia no puede reducirse a una cuestión individual, de que fuera el deseo soberano de Noelia, de que ella actuaba con libertad. No. Es un problema moral, ético y político. Problema fundamental que refleja el tipo de sociedad que estamos construyendo: una sociedad cada vez más individualista, desarraigada y carente de referentes sólidos, donde el sufrimiento tiende a ser eliminado en lugar de ser comprendido e integrado como parte de la condición humana".
Como epílogo, quiero agregar que hace pocos días la organización Abogados Cristianos llevó el asunto hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, denunciando al Estado español de haber vulnerado el derecho fundamental a la vida de la joven. Esto se da especialmente porque tanto el Tribunal Supremo como el Tribunal Constitucional rechazaron revisar el fondo del caso antes de que se ejecutara la eutanasia. Además, la denuncia sostiene que no se garantizaron adecuadamente los derechos procesales de la familia ni la tutela judicial efectiva y que no existieron suficientes garantías médicas, jurídicas y éticas. Veremos cómo termina este asunto.
miércoles, 15 de abril de 2026
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martes, 10 de febrero de 2026
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jueves, 13 de noviembre de 2025
Los domingos: Amor y dolor familiar
La cineasta Alauda Ruiz de Azúa entrega un filme que no sólo es el mejor de su corta carrera, sino que la impregna de una honestidad y transparencia excepcionales que ayudan a resaltar a Los domingos como una pequeña joya llena de humanidad, realismo y fe. En una época en la que el cine español se siente estancado en el plano creativo y poco visto debido a la dirección ideológica de los cineastas o de la invasión americana encabezada por Hollywood, propuestas como ésta se convierten en una bocanada de aire fresco que anima a muchos a volver a las salas de cine.
¿Por qué hago esta recomendación? ¿Qué de especial tiene esta película? ¿Es católica o anticlerical? ¿Hay actores conocidos? Todas esas preguntas, perfectamente legítimas, tienen sus respuestas resumidas en una sola palabra: autenticidad. La directora nos presenta la historia de una jovencita llamada Ainara (Blanca Soroa) que comunica a su familia que siente el llamado de Dios para abrazar la vida religiosa. Eso provoca un desconcierto en sus seres queridos, quienes, lejos de cuestionarla, discriminarla o amenazarla, intentan comprender cada uno el por qué de su deseo.
Todo comienza en un retiro mientras está terminando sus estudios de bachillerato. Su papá es dueño de un restaurante e intenta mantenerse al margen, apelando a su carácter reservado. Su tía Maite (excelente Patricia López Arnaiz), una mujer no creyente, se muestra inquieta por el futuro de Ainara, mientras su novio argentino actúa con cierta indiferencia, pero con cierta curiosidad por las prácticas religiosas de la chica (la escena en que Ainara le enseña a orar es ilustrativa).
Mientras la joven va discerniendo, su tía intenta disuadirle (de manera velada) haciendo que tenga experiencias propias del mundo secular: una posible carrera universitaria, amigos, un potencial novio que resulta ser miembro del coro en el que canta. Podría decirse que la tía representa a la sociedad postcristiana del siglo XXI que, tarde o temprano, sin llegar a la agresividad o al odio, revelará sus miedos, inseguridades y cuestionamientos frente a la postura religiosa, cada vez más convencida de Ainara.
Al mismo tiempo, la protagonista experimenta una serie de emociones encontradas que le sirven de reto para conocer si su deseo de ser monja de clausura es verdadero o solo una emoción pasajera por el estilo de vida de las religiosas del convento (bastante creíble la presentación de cada una, entre ellas una peruana y una guineana). Todo llega a su clímax en la escena en que Ainara ora entre lágrimas entregándose de corazón a la voluntad de Dios, tras la misa por el fallecimiento de su abuela. Sin duda, un momento importante en la trama para conocer la actitud de cada miembro de su familia ante lo trascendente.
Blanca Soroa es una revelación como actriz al brindar una performance realista y sensible de un ser humano idealista que debe tomar una decisión crucial para su propio futuro. Al mismo tiempo, Patricia López Arnaiz se luce con su mirada angustiosa que busca las respuestas existenciales para su vida, mientras crece la tensión en su entorno por su escepticismo hacia la vocación de su sobrina. Sin duda, ambas actrices son lo mejor de la película.
Como vemos, Los domingos es una película que, sin ser católica (su directora no es creyente) aborda un tema profundo y sensible que muchas veces es objeto de burla y menosprecio en la sociedad actual y que, pese a ello, es una muestra del alma de una civilización reacia a verse huérfana de los referentes espirituales con las cuales su identidad fue construida: Cristo, la Virgen María, los santos, la Iglesia Católica y todas sus expresiones de piedad en lo artístico, cultural y educativo. Sin duda, un filme que no va a dejar indiferente a nadie.
