jueves, 29 de enero de 2015

Auschwitz y la repetición de los patrones de conducta


Se cumplieron 70 años de la liberación por parte del ejército soviético del campo de exterminio de Auschwitz, ubicado al suroeste de Polonia (a más de 40 kilómetros de Cracovia) y máximo símbolo del terror nazi en la Europa de la Segunda Guerra Mundial. Y se hicieron presentes los pocos sobrevivientes con sus familiares prestando su testimonio de sufrimiento para que las nuevas generaciones sepan de esta etapa oscura de la historia de la humanidad, porque como bien reza el dicho, "pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla". Dicho que, cada cierto tiempo es bueno recordar, ante la fragilidad de nuestras poblaciones que no desarrollan criterios basados en valores divinos y humanos, sino en consumismos y placeres. Ya sé que no es bueno generalizar, pero el grado de amnesia y la falta de formación llevan a pensar eso.


El cineasta Steven Spielberg, como buen judío, honró a los asistentes con su presencia, haciendo recordar su compromiso por la paz y la justicia, desde que filmó su obra maestra "La lista de Schindler" (1992) y produjo el también oscarizado documental "Los últimos días" (1998). Antes y después de ambas películas se filmaron centenares de obras cinematográficas que muestran los grados de inhumanidad a los que puede llegar el ser humano cuando se deja llevar por el odio azuzado por ideologías deformes o apasionamientos injustificados por cualquier causa. El Día internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto, celebrado todos los 27 de enero, fecha de la mencionada liberación tras la huida de los nazis, sirve, valga la redundancia, para evitar el olvido de aquel horror. Sobre el olvido, es menester reflexionar, pues el séptimo arte, con sus elocuentes ejemplos nos ayuda a ello, aunque no siempre nos haga conocer todas las masacres de manera respetuosa, equilibrada, o por lo menos objetiva.


¿Quiénes saben del millón y medio de armenios entre 1915 y 1923 muertos a manos de los otomanos? ¿O del millón de muertos durante la sangrienta guerra civil entre hutus y tutsis en Ruanda en 1994? ¿O el Holodomor (1932-1933) durante la dictadura de Stalin, que provocó la muerte de casi 10 millones de personas? ¿O la matanza de 2 millones de camboyanos durante la dictadora de los Jemeres Rojos de Pol Pot (1975-1979)? ¿O la Revolución Cultural de Mao Zedong en la China comunista que provocó la muerte de más de 70 millones de personas (1949-1969)? ¿O la terrible masacre de Nankín (1937) perpetrada por el ejército invasor japonés contra los civiles chinos y que provocó 100 mil muertes (aunque la cifra sigue en debate)? ¿O de los más de 70 mil católicos martirizados por Enrique VIII por negarse a aceptar la autoridad espiritual del rey por encima de la del Papa? ¿O la matanza de un millón de filipinos por los ocupantes estadounidenses entre 1899 y 1910? ¿O la masacre de Biafra en la que murieron 30 mil igbos y perpetrada por la dictadura militar nigeriana en 1960? ¿Quiénes se han enterado de ellas?


Hay muchas masacres que permanecen en el olvido y que deben ser desenterradas no para acusar a los responsables, sino para recordar esos vergonzosos hechos y así crear conciencia de que las matanzas sólo dejan odio en los hombres y generan nuevas y peores injusticias. Eso sí, no debemos confundir los términos "genocidio" y "masacre" (desde la óptica jurídica): según la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio (1948) y el Estatuto de Roma para la Corte Penal Internacional (1988): Se entenderá por “genocidio” cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal: A) Matanza de miembros del grupo; B) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; C) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial; D) Medidas destinadas a impedir nacimientos en el seno del grupo; E) Traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo. En cambio, "masacre", de acuerdo con el DRAE es "Matanza de personas, por lo general indefensas, producida por ataque armado o causa parecida". Ante las definiciones expuestas, la gente suele atribuir como sinónimos dichos términos, cuando no siempre se ajustan al tipo penal del delito definido internacionalmente.


Lo cierto, es que la fecha que se conmemora y los ejemplos citados deben servir para que estos crímenes infames no queden impunes ni sean reinterpretados o "enterrados" por los poderes de turno por razones ideológicas, políticas, económicas, religiosas o culturales, pues así sólo se logra materializar el "Ministerio de la Verdad" como advertía George Orwell en su novela "1984": la historia como objeto de reescritura en clave ideológica y maniquea por parte de los poderosos. Sólo que no será obra de una dictadura totalitaria, sino de la indiferencia de las masas ante la verdad. Eso sólo lleva a la insensibilidad ante el dolor ajeno, y especialmente al de los más sufrientes en tierras lejanas y culturas distintas. Recordemos cómo reaccionó el entonces presidente Bill Clinton ante los bombardeos de Estados Unidos en Kosovo y la matanza en el colegio Columbine de Littleton el 9 de abril de 1999: en una, con frialdad y en la otra conmocionado por morir estadounidenses. Algo parecido sucedió hace poco con la matanza de cristianos nigerianos a manos de Boko Haram y la matanza de los caricaturistas de Charlie Hebdo. La conmoción por el sufrimiento atenuada o sobredimensionada por razones de posición económica, religión, opinión, ideas, raza, etc.


Ante esta actitud, me pregunto ¿qué valores son los que dominan a la política occidental: el respeto y difusión por los derechos humanos o su utilización como mascarada para encubrir intereses inhumanos y egoístas? Tal paree que la respuesta se resume en una sola palabra: Utilitarismo, definido como "doctrina filosófica moderna que considera la utilidad como principio de la moral", desarrollada por John Stuart Mill y Jeremy Bentham. Sin embargo, para esta corriente lograr la felicidad lo útil sólo es provechoso en aquello que lleve a la obtención de provecho personal o grupal, aunque eso esté reñido con la ética y la dignidad intrínseca del ser humano. Esa separación degenera en una progresiva deshumanización o vaciamiento de contenido a las ideologías o programas de gobierno. Lo útil, para que sea beneficioso para los demás debe estar acompañado siempre del beneficio colectivo (no para la argolla) y al imprescriptible derecho de cada ser humano no sólo a tener más, sino a ser más.


Dicho todo esto, parece que el siglo XX es la culminación de todo ese proceso de despojar de contenido ontológico a las ideas, iniciado desde el siglo XVI, cuando se empezó a demoler todo lo avanzado por la civilización cristiana, llegando a negarse la condición de humanos a los judíos y a otros grupos minoritarios, calificándolos de "sub-humanos", utilizando métodos atroces de exterminio para "liberar a Alemania de la opresión de la bacteria judía" como se decía en el lenguaje nazi, repetido machaconamente por el aparato propagandístico del régimen para mantener controladas a las masas y ocultar su protervo sistema. Algo parecido se hace ahora con los no nacidos, con los eufemismos "pre-embrión", "contenido uterino", "tumor", "masa de células", entre otros. La historia no se repite, pero el mismo patrón de conducta sí y eso debe denunciarse sin titubeos. Esa es la lección más profunda que nos deja el nombre Auschwitz en el siglo XXI.

lunes, 12 de enero de 2015

Los pirómanos de la "libertad"

Mucho se ha escrito sobre el execrable atentado contra doce personas que trabajaban en la sede parisina de la revista Charlie Hebdo y contra el posterior asesinato de cuatro rehenes en un supermercado judío a manos de musulmanes radicales. El mundo repudia ese acto criminal con toda justificación y eso explica con elocuencia la marcha multitudinaria en la capital gala, en la que participaron más de cincuenta jefes de Estado de varios países, defendiendo al mismo tiempo el derecho humano a la libertad de expresión. En este punto vamos a detenernos, porque se está utilizando mucho dicho término de manera redundante hasta vaciar su contenido. Empecemos por analizar cada una de las palabras que componen dicha frase con ayuda del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE):
Libertad: 1) Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. (...) 5) Facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres. Expresión: 1) Especificación, declaración de algo para darlo a entender. (...) 3) Efecto de expresar algo sin palabras. Ahora que ya tenemos los significados aplicables al contexto de lo sucedido, utilizaremos el mismo criterio para buscar el significado de los términos "abusar" (y por extensión "abuso de derecho"), "libertinaje" y "sátira": Abusar: 1) Usar mal, excesiva, injusta, impropia o indebidamente de algo o de alguien. (...). Abuso de derecho: Ejercicio de un derecho en sentido contrario a su finalidad propia y con perjuicio ajeno. Libertinaje: (...) 2) Falta de respeto a la religión. Sátira: 1) Composición poética u otro escrito cuyo objeto es censurar acremente o poner en ridículo a alguien o algo. (...)
Muy bien. Ya tenemos los significados. ¿A qué va todo esto? Es muy simple. Por todas partes leemos y escuchamos la expresión "Je suis Charlie" y la gente la repite sin profundizar en su alcance y significado, limitándose a condenar el asesinato y a solidarizarse con las víctimas apelando a este derecho humano fundamental. ¿Por qué? Porque el asesinato es un acto criminal en el que se viola el derecho a la vida. Hasta ahí todo bien, pero ¿por qué precisamente Charlie Hebdo? Porque los asesinos islámicos, ofendidos por las caricaturas fuertemente mordaces y groseras, consideraban que éstas eran una blasfemia contra su religión y un insulto contra el profeta Mahoma. Es decir, se violó su derecho fundamental a la libertad de culto. Sin embargo, dicho derecho violado, ¿justifica que se viole otro? Definitivamente no. Tampoco un derecho tiene prevalencia sobre otro, a no ser que vivamos en una sociedad laicista o en una teocrática. Ambas son producto de introducir religión o ideología en sus políticas, generándose así, abusos que llevan a pisotear la dignidad del ser humano.
Así como se condena el terrorismo de matriz religioso o político, también debe condenarse la absolutización del derecho a la libertad de expresión, pues si ya conocemos su significado, no da carta blanca para que se concrete en la práctica un "derecho fundamental a la libertad de blasfemia". Ninguna declaración, carta o tratado internacional lo incorporaría, a no ser que lo promueva un Estado que fomente el odio contra las religiones. Porque leyendo un artículo de Juan Manual De Prada (aquí tienen el enlace http://www.cruzdesanandres.org/noticias.php?idnoticias=948), es fácil reconocer para quien tiene un mínimo de inteligencia, que las constantes caricaturas que publicaba Charlie Hebdo no eran para alentar la crítica hacia las religiones sino ofender.
No seamos ingenuos. Se puede ser mordaz sin caer en la grosería, en la ofensa o en la blasfemia. No cabe duda de que se generarán adhesiones y críticas, pero así se puede contribuir a generar un clima de expresión verdaderamente civilizado. Desafortunadamente, muchos pensarán lo contrario, porque dada la progresiva degradación moral de la sociedad, se seguirá defendiendo a capa y espada la expresión sobre el culto alegando la evolución de las especies o que "la voz del pueblo es la voz de Dios". ¡Un momento! No metamos a Dios en los entuertos que nosotros creamos. Ya bastante tiene Él para tamaño atrevimiento. Respetos guardan respetos. Eso me recuerda cuando la Iglesia protesta por cualquier blasfemia u ofensa contra el Papa o los obispos y sólo recibe una ola de críticas y ataques de manera constante. ¿Acaso la Iglesia no tiene el mismo derecho que los de Charlie Hebdo a ejercer la libertad de expresión? Si la respuesta es no, invocando la "laicidad del Estado", ése es un barniz que esconde una intención discriminatoria basada en el odio a la fe. Así de simple.
La tristemente famosa revista estaba integrada por gente de militancia comunista (basta ver la foto de su director con el puño en alto) que encontraron en la sátira un mecanismo para descargar su rechazo a quienes no comparten sus posturas. Les cayeron balas y el mundo hizo una movilización mundial de rechazo contra estos asesinatos presentándolos como los "mártires de la libertad de expresión". Pero cuando los cristianos son asesinados en Nigeria por las huestes de Boko Haram o en Irak y Siria por los del Estado Islámico, lamentan los hechos pero los minimizan. Otro ejemplo similar es de los 43 muertos hace casi un año en Venezuela y los gobiernos sudamericanos con su silencio avalaron esa represión. Otro ejemplo son las irrupciones de las activistas radicales de Femen en los templos con los senos al descubierto y lanzando frases agraviantes contra el cristianismo y sus representantes. ¿Por qué la progresía mundial no reacciona igual? ¿Acaso unos valen más que otros por el sólo hecho de ser dibujantes o periodistas? Además, cuando en las redes sociales los progresistas, rojos, caviares y socialconfusos son criticados o ridiculizados, saltan hasta agujerear el techo, pues sólo los conservadores, derechistas, católicos practicantes y antichavistas deben ser ultrajados porque no se someten a la dictadura del pensamiento "políticamente correcto".
La libertad de expresión y de culto se encuentran reconocidos en los artículos 18 al 21 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos nacida en la misma París en 1948. Por eso hay que comprender el verdadero alcance de la frase "Yo soy Charlie" y es el siguiente: Me solidarizo con las víctimas rechazando este brutal atentado y me manifiesto en defensa de la libertad de prensa, de expresión... y de blasfemia. No se tiene esa intención, claro, pero implícitamente se incluye eso. Fue magnífica la manifestación, pero la frasecita no es la más apropiada. Por eso se entiende cómo algunos expresan su repudio a este delito y también su rechazo a cualquier ofensa contra cualquier culto religioso diciendo "Yo no soy Charlie".
Ambos derechos mencionados forman parte de la intrínseca dignidad del hombre a ser feliz y a realizarse plenamente, porque mis derechos terminan donde empiezan los de los demás. Ojalá con este dramático ejemplo se entienda el sentido de esa frase. De sostenerse empecinadamente la superioridad de la libertad de expresión (perdón, la de blasfemia), no sólo se concretará el vaticinado "choque de civilizaciones" de Samuel Huntington, sino que se le dará la razón al DRAE cuando explica el significado de la palabra Piromanía: "Tendencia patológica a la provocación de incendios." Esa patología puede ser originada por las ideologías, los resentimientos, las antipatías, las envidias y no sólo por problemas exclusivamente psicológico-emocionales. Y la libertad no es un capricho.

domingo, 21 de diciembre de 2014

Primicia mortal y el cuarto poder

Mucho se ha habla de la libertad de prensa y del derecho que tiene la gente de estar informada de todo lo que pasa en el mundo. Para esto también se cita la frase del periodista y escritor George Orwell "la libertad de expresión es el derecho a decirles a los demás lo que no quieren oír", aunque eso se aplicaría mejor a los gobernantes autoritarios e intolerantes con el disentimiento. También se invoca al libre derecho de elección de los consumidores para determinar qué medio elegir para informarse de lo que le interesa y la forma cómo lo difunde, algo que el Grupo El Comercio utiliza como defensa ante la demanda judicial contra la "concentración de medios" entablada por el Grupo La República. La libertad de prensa, en la práctica, siempre está sujeta a la medida de los grupos de poder o de la falta de escrúpulos de los reporteros noticiosos o independientes de turno. Esta columna busca ofrecer ejemplos cinematográficos sobre el tema, a raíz del estreno de la película "Primicia mortal" (2014).
En la película debut de Dan Gilroy, un excelente Jake Gyllenhaal interpreta a un periodista desempleado que recorre la ciudad de Los Ángeles en compañía de su asistente captando accidentes, robos, homicidios y demás desgracias para registrarlas y venderlas a los medios con el fin de escalar económica y profesionalmente, aunque ello implique engañar, manipular, chantajear u ocultar información a sus compañeros de trabajo o a la policía. La atmósfera es oscura, opresiva, malsana, cínica y morbosa y refleja perfectamente la actitud de este freelance, especialmente durante la secuencia del seguimiento a los sospechosos de un triple homicidio. Los escrúpulos, la ética profesional y la transparencia se manifiestan como virtudes condicionadas por el cinismo del periodista y el interés del personal del canal de noticias para subir en los índices de audiencia matutinos. Pesimismo total. Eso se siente.
Tenemos otros antecedentes en el cine, como la película "Caballero sin espada" (1939) del tres veces ganador del Oscar, Frank Capra, cuando un poderoso empresario busca sabotear mediante sus periódicos el discurso del idealista senador James Stewart en el Congreso estadounidense, con el fin de no estropearle una millonaria inversión carente de toda transparencia en contubernio con un político corrupto (Claude Rains). Otro ejemplo es la película del griego Constantin Costa-Gavras "Mad City" (1997), sobre el secuestro de un grupo de niños en un museo, por parte de un vigilante despedido (John Travolta) que quiere recuperar su trabajo y la cobertura llevada a cabo por un periodista veterano buscando recuperar su prestigio (Dustin Hoffman).
Tampoco podemos dejar de mencionar dos excelentes películas de Sidney Lumet: "Tarde de perros" (1975), basada en una historia real, con Al Pacino y John Cazale como dos asaltantes sin preparación, que por un fallido atraco a una agencia bancaria, acaban atrapados en el lugar y cómo la prensa hace un circo de la situación límite, aprovechando la singular demanda: obtener el dinero para que la pareja homosexual del protagonista se opere y se cambie de sexo. La otra película es "Network", sobre el aprovechamiento de toda una casa televisiva del anuncio del suicidio en vivo de un conductor de programa (Peter Finch) a causa de su despido por la baja sintonía de su programa. Una despiadada historia que le dio a este actor el primer Oscar póstumo de la historia de la Academia en 1976.
Mención aparte merece la película del gran Billy Wilder "El gran carnaval" (1951) con Kirk Douglas, como el más desalmado de los periodistas cinematográficos: al no encontrar ninguna noticia durante un año trabajando en el periódico de un pueblo de Nuevo México, aprovecha la desgracia de un lugareño atrapado en una mina para retrasar el rescate y ganar rentabilidad con la exclusiva, generándose así un ambiente mediático, político y de ocio que sólo traerá una tragedia tras otra a la víctima del derrumbe. En su tiempo, la película no gozó de la aprobación del público ni de la crítica, a causa de la crueldad de su premisa y de su desenlace, pero como el tiempo es justiciero, se encargó de convertirlo en un rotundo clásico de denuncia del periodismo voyeurista y manipulador. Un referente obligado para cualquier estudiante de cinematografía.
Podríamos citar otros ejemplos, pues la miseria humana no conoce límites, especialmente a la hora de pretender justificar acciones deplorables contra la dignidad de las personas que sufren percances de cualquier tipo que atraigan el morbo de las masas. Ésta es otra muestra del relativismo moral en el que se hunde nuestra civilización si le damos cabida al "todo se vale", "no hay verdades absolutas" o "no hay diferencias entre el bien y el mal". Así quedan expuestas las más bajas pasiones y la formación de quienes consumen esta clase de material que sólo degradan a quienes invierten tiempo y dinero en él.
Luis Miró Quesada De la Guerra, director del diario El Comercio dijo la famosa frase “El periodismo puede ser la más noble de las profesiones o el más vil de los oficios”. Algunas veces se le llama "el cuarto poder" por su influencia para movilizar a la opinión pública de acuerdo a los intereses de cada grupo mediático, empresarial o ideológico en poner a su favor a un sector de la población (caja de resonancia, como le dicen). Poder de un instrumento que se puede usar tanto para el bien como para el mal, al igual que la inteligencia humana o el internet. Así se acaba transformando en el "primer poder" como afirmé hace años en una conversación. Pero, de optarse por su abuso, se confirmaría lo que un compañero de trabajo me corrigió diciendo "no es el primer poder; es el primer joder".

martes, 9 de diciembre de 2014

Los muros ideológicos


Por el nombre de esta columna es un poco atrasado escribir sobre la caída del Muro de Berlín hace 25 años, pues en el lapso de un mes la noticia de la muerte de Chespirito opacó casi todo recuerdo de dicho acontecimiento histórico, hasta que sea refrescado a fin de año, cuando los medios de todo el mundo saquen sus resúmenes del "año que se fue". De todas formas, es necesario mencionar la palabra muro para graficar cómo en pleno tercer milenio no conseguimos crear los puentes que nos ayuden a entendernos y crecer como especie humana. No vamos a hacer un resumen cronológico de tan magno acontecimiento, sino una reflexión que nos ayude a entender qué muros materiales e intangibles hemos levantado en nuestro mundo o en nuestras mentes (Estados Unidos-México, Israel-Palestina, Chavismo-Venezuela, Estado Islámico-Occidente).


El Muro de Berlín fue la máxima expresión de un mundo dividido por la Guerra Fría (1949-1989), en el que dos potencias antagónicas enarbolaban sus respectivas banderas ideológicas en favor del capitalismo y el comunismo, la libertad y la revolución, la iniciativa y el controlismo, la realización personal y el dogmatismo antirreligioso. Dichas tesis y antítesis eran vividas con tensión y desconfianza entre ambos lados de la Cortina de Hierro, pues se consideraba que la única forma de cambiar el mundo era estableciendo alianzas militares, controlando países-satélites, desarrollando la carrera nuclear y un poderoso aparato propagandístico que reflejara las bondades de cada sistema. Si nada de eso funcionaba, la guerra era la única forma de asegurar la victoria de cada bando, amén de adoctrinar a los habitantes de cada país de su área de influencia.


Lo cierto, es que el ser humano es un hombre libre por naturaleza y que toda forma de aprisionar su voluntad de progreso y felicidad lleva a la rebelión contra todo sistema totalitario por más que se maquille con los productos estéticos de la "revolución social" (bolchevismo), "el interés popular" (populismo), "el calentamiento global" (sobrepoblación), e incluso los mismísimos "derechos humanos" (ideología de género). Porque ése es el error de los ideólogos de turno, concebir las ideas como dogmas religiosos que sólo se pueden concretar mediante la imposición, lavado de cerebros o metiéndolos de contrabando (como supositorios, como decía Bedoya Ugarteche) a través de manipulaciones del lenguaje, campañas millonarias, subvenciones internacionales, con tal de diseñar un esquema de la felicidad que al final sólo los beneficia a ellos y a sus argollas.


La edad de la razón, la Ilustración (con sus aciertos y errores), no solo había parido el contrato social y la democracia, sino también su antítesis, la dictadura del proletariado. Ganó la democracia, el mercado, y la caída del Muro del Berlín gatilló el derrumbe del socialismo real en Europa del Este. Sin embargo, 25 años después de ese acontecimiento libertario, el planeta sigue jaqueado por la resurrección de los fundamentalismos religiosos, los nacionalismos de diverso pelaje y diferentes proyectos anti-globalizadores. El único lenguaje que construye la paz y la integración de las culturas más diversas es el de la libertad política y económica. El libre comercio siempre fue el embajador del diálogo, del contrato, entre los más diversos. Siempre se las arregló para crear una tendencia alternativa a la guerra. En la Antigüedad las etnias y naciones más disímiles comerciaban en el Mediterráneo. Hoy la emergencia de China y su conversión en primera potencia económica sucede al margen de las guerras que caracterizaron la irrupción del Imperio Romano de la Antigüedad y del Imperio estadounidense del siglo XX, por una sola razón: el creciente peso del libre comercio en la presente globalización.


No obstante lo anterior, tampoco podemos ignorar las perjuicios que produce el capitalismo extremo, que como bien lo denunció el Papa Juan Pablo II en su viaje a Cuba en 1998, subordina a la persona a los intereses del mercado, al igual que el socialismo (en sus diversos matices), que promueve el enfrentamiento social e intenta reducir la religión a un simple problema individual. Por algo, en su encíclica "Laborem exercens" (1981) proponía un orden económico mundial basado en la Doctrina Social de la Iglesia: no capitalista ni marxista, sino que debe basarse en los derechos de los trabajadores y en la dignidad del trabajo.


Las ideologías, cuando no son expuestas de manera crítica y con respeto hacia el pensamiento disidente, pueden ser semillas de futuras atrocidades e injusticias que acaban traicionando los ideales nobles que las concibieron. Nunca pueden ser la fuente absoluta de la verdad, pues acabarán atentando contra los derechos más fundamentales del ser humano: la vida y la libertad. El hombre vive en una constante búsqueda de la verdad a lo largo de su existencia y con todos los medios con los que dispone para poder encontrarla, no puede conformarse con esquemas rígidos, relativistas o mediocres de pensamiento que sólo favorecen su confort, sus sentimientos o el lograr el "sufrimiento cero". No vinimos al mundo a pasarla bien como si fuéramos meros consumistas que buscamos nutrir nuestros egoísmos o compartirlos con nuestros círculos familiares o amicales de manera discriminadora e injusta.


Los muros que levantan las ideologías sólo se combaten con la práctica de las virtudes, con la búsqueda de la verdad y del bien, con la rectitud del pensamiento y de la acción. Tomo estas palabras de un texto de Rocío Chirinos y de María Luisa Palacios en su libro "Historia del Perú 4". Todo eso se sintetiza en una sola palabra: Caridad (y con mayúsculas). Es difícil, y la tentación de dejarnos llevar por la justicia por mano propia, al igual que por la acedia y por la soberbia, siempre nos van a acechar para quitarnos la paz interior y comunitaria. Pero por algo tenemos un modelo de hombre que nos enseña cómo desarrollar la Caridad mediante la gracia santificante contenida en una serie de armas "de salvación masiva": Jesús de Nazareth, a quien pronto agasajaremos este 25 de diciembre. La fiesta se aproxima, así que es tiempo de prepararse.

viernes, 28 de noviembre de 2014

¡No contaban con mi astucia!

Buscando un tema para comentar en este blog me topé con la noticia de la muerte de Roberto Gómez Bolaños, el cómico mexicano popularmente conocido como Chespirito y recordado por sus entrañables personajes televisivos como El Chavo del 8, El Chapulín Colorado, El Doctor Chapatín, El Chómpiras, Chaparrón Bonaparte y su personaje cinematográfico de El Chanfle. Nos dejó a los 85 años víctima de la diabetes y de un enfisema pulmonar producto de su vicio por los cigarrillos que fumaba desde joven, pese a haberlos dejado muchos años después, y que lo mantuvieron alejado de la vida pública en sus últimos meses. Siento un particular cariño por él no sólo por formar parte de la generación que creció gozando con su humor, sino por nacer el mismo día que yo, el 21 de febrero. Eso me lleva a poner énfasis en un breve video del año 2007. Aquí el enlace: Era de esperarse la reacción furibunda de los progresistas y de los defensores de los “derechos de la mujer” (conocidos como pro-choice) tachando dicho video de instrumento de la ultraderecha y la intolerancia religiosa que promueve el “derecho” a matar un bebé en el seno materno alegando la decisión personal y la libre elección de la mujer en todo lo referido a su cuerpo. Independientemente del tema de la manipulación del lenguaje y el cabildeo para expandir este negocio criminal, Chespirito cuenta la difícil situación que su madre Elsa Bolaños Cacho Aguilar vivió estando embarazada de él (por tomar un medicamento erróneo para combatir su gripe) y cómo decidió enfrentar la situación tras negarse a abortar y así tener entre nosotros a este genial cómico. Eso explica su participación como compositor en el festival de la Organización de Televisión Iberoamericana (OTI) con la canción "Nacer", que hablaba del aborto. Todo eso lo narra en su libro de memorias “Sin querer queriendo”.
Siempre hay que ser objetivo a la hora de evaluar la trayectoria vital de un ser humano, especialmente si forma parte de tus recuerdos, sin ser un amigo o familiar. Chespirito tenía carisma, ingenio, chispa, creatividad y mucha afectuosidad a la hora de representar sus personajes con humor blanco en la televisión, el teatro, y el cine, además de producir una novela y destacar como un prolífico libretista. Sin embargo, su vida familiar fue carente de fidelidad al separarse de su esposa Graciela Fernández Pierre, con quien vivió dos décadas y tuvo seis hijos, para convivir con la actriz Florinda Meza (“Doña Florinda”); una situación muy similar a la que vivieron los actores estadounidenses Spencer Tracy y Katharine Hepburn.
De hecho, Florinda Meza fue sujeto de discordia entre los actores y compañeros de reparto de Chespirito: Carlos Villagrán fue novio de Florinda y Roberto, conocido por sus aventuras adúlteras se la quitó y ello fue la semilla para su ruptura amical, como el propio Villagrán lo contó en una entrevista varios años después. Pero, fiel a su estilo, Chespirito declaró en una entrevista que estaría con Florinda Meza “hasta que la muerte nos separe o hasta que Shakira me haga caso". Y así fue. Tras convivir durante 20 años, formalizaron su unión hasta el viernes 28 de noviembre, fecha del deceso de Roberto. Bromas aparte, esa actitud no es un ejemplo a seguir, sino que es una historia digna de un culebrón mexicano, como bien la definió la columnista Sandra Commisso en el diario argentino Clarín (http://www.clarin.com/extrashow/fama/roberto-gomez-bolanos-chespirito-florinda-meza-historia-amor_0_1256874736.html). Pero como diría el chavito, “Bueno, pero no se enoje”.
Muchos van a twittear “¡No te vayas, Chavo!”, y los homenajes a Roberto Gómez Bolaños se van a multiplicar, especialmente en Latinoamérica, donde sus teleseries siguen teniendo sintonía, al igual que el dibujo animado d El Chavo, pese a las más de tres décadas transcurridas, pues el propio Chespirito reconoció que nunca pensó en el público infantil al momento de dirigir a su más famoso personaje. Gran parte de la popularidad del niño con gorra verde de orejeras y tirantes que vive en una vecindad se debe a la identificación que tienen muchas personas con las situaciones y los personajes con quienes interactúa: un viudo holgazán con una hija pícara (Don Ramón y la Chilindrina), una viuda de clase media caída en desgracia socio-económica con un hijo sobreprotegido (Doña Florinda y Quico), una solterona detallosa (Doña Clotilde, la bruja del 71), un arrendador formal y exigente, pero de buen corazón (el señor Zenón Barriga y Pesado), un profesor de colegio, estricto pero embobado por el amor a la mamá de Quico (el profesor Jirafales), entre otros. Como dije, personajes y situaciones propias de la realidad latinoamericana sazonadas con humor pícaro e ingenuo. Hace pocos años, los chicos ecuatorianos de Enchufetv y Touché films le rindieron un homenaje a Chespirito y a su más célebre personaje filmando el falso tráiler de una película llamada “El chico del barril”, pero incorporando elementos del cine actual como fotografía oscura, trama con enigmas por descubrir (tipo Código Da Vinci), violencia propia de favelas, pasión erótica y búsqueda gubernamental al estilo Los Vengadores. Siendo conscientes de que los demandaría Televisa por derechos de autor, se arriesgaron y hoy el video tiene más de trece millones de visitas (y sigue la cuenta). Al propio Gómez Bolaños le gustó el video, pese a los elementos antes descritos, pues entendía que la serie clásica de los setenta representa un mundo más armónico que el del actual año 2014 en materia de costumbres.
Una columna no es suficiente para hacer el recorrido por la vida artística de Chespirito, pues eso ya es tarea de los comunicadores y los artistas. Pero definitivamente, su profesor de topografía acertó cuando le dijo que no le convenía estudiar ingeniería. De lo contrario, ni uno solo de sus personajes hubieran sido inventados. Como diría Lucas, “estás en lo cierto Chaparrón”. Charles Chaplin dijo una vez que la vida es una tragedia si la ves de cerca, pero una comedia si la miras desde lejos. Eso aprovechó Chespirito y el éxito de sus personajes ya es intergeneracional, pues el legado de este inolvidable cómico quedará viva en el recuerdo de quienes hasta hoy lo disfrutan, especialmente por parte de quienes se sienten representados “sin querer queriendo”. Y creo que la mejor frase para destacar su genialidad cómica y su entrañable personalidad en el presente homenaje es recordando las palabras del Chapulín Colorado: “¡No contaban con mi astucia!”.

martes, 7 de octubre de 2014

Medellín: Orgullo en transporte

Lima, capital de Perú. Una ciudad con más de 9 millones de habitantes y en rápido crecimiento horizontal y vertical. Cuenta con uno de los parques automotores más sobresaturados y antiguos de Sudamérica y un sistema de transporte público que deja mucho que desear. Por ello, la gente con recursos opta por adquirir autos particulares o camionetas para viajar con sus parejas o hijos. Algunos compran estas últimas para compensar el complejo de estatura que sufren y otros para imponerse sobre los demás, cuales “monster trucks” sobre chatarras de automóviles. Como vemos, lo psicológico influye en la decisión de compra, además de lo económico o lo estético. No obstante, pese a todo lo anterior, sólo el 7,6% de la población utiliza el vehículo propio para ir a trabajar o estudiar, como lo reveló una encuesta de la ONG Lima Cómo Vamos.
Últimamente los limeños estamos reclamando mayor seguridad ante el incremento de la delincuencia y un transporte masivo de calidad (bueno, bonito y barato), que nos haga enorgullecernos de utilizarlo y de promoverlo. Esos son temas que exigimos al reelecto candidato a la alcaldía Luis Castañeda Lossio. Además, existen ciudades con embotellamientos, pero con sistemas de tránsito de vanguardia que son envidiables, como en la populosa Tokio (ver el siguiente enlace para mayor información: http://www.autobild.es/reportajes/centro-control-trafico-tokio-gran-hermano-vigila-207586). Pero en Japón influye también la milenaria cultura del respeto al medio ambiente y de la educación colectiva, que moviliza a los habitantes de manera pulcra y segura, algo que en Perú se echa de menos a gritos. Teniendo eso en cuenta, no podemos importar un sistema de control de tránsito propio de otra realidad, como si fuera un fácil copy/paste, por más que figure en cualquier plan de gobierno edil.
Hace un mes estuve de visita en Medellín, la capital del departamento de Antioquia (sin tilde en la segunda i y de pronunciación grave para quien no sepa) y, francamente, la segunda ciudad más importante de Colombia tiene un sistema de transporte admirable y que puede servir de inspiración para mejorar el tránsito de Lima, volviéndolo fluido, seguro y hasta atractivo. Las capitales latinoamericanas cuentan con subterráneos modernos como el de Santiago o el de Río de Janeiro. Esta última ciudad posee un sistema de buses que dependen exclusivamente del ayuntamiento de la ciudad, es decir, bajo una autoridad única que fija las rutas, conexiones, tarifas y proyectos para lograr un mayor alcance popular que beneficie a todos. Medellín no se ha quedado atrás en esto y por ello, es recomendable hacer una breve descripción de su sistema de transporte masivo.
Para empezar, Medellín tiene la cuarta parte de la población de Lima; está rodeada de cerros verdes y posee un clima agradable propio de la ceja de selva. Al mismo tiempo, los paisas han desarrollado un sentimiento regionalista que los lleva a enorgullecerse de su sistema de transporte y a cuidarlo como si fuera propio de cada uno. Basta viajar por el metro para constatar la ausencia de suciedad o graffittis en el interior o en el exterior de sus vagones. Además es el primer sistema de transporte masivo que se construyó en Colombia (empezó a operar a fines de 1995) y desde entonces ha movilizado a más de mil millones de pasajeros. El Metro cuenta con varios tipos de niveles (nivel de tierra, viaductos elevados y cables aéreos), y no tiene tramos subterráneos. Lima cuenta con un Metro con viaducto elevado, pero hasta el momento es sólo una línea, pese a que ya existen proyectos para construir nuevas líneas que unan varios puntos de la ciudad. Algo que debió construirse hace cuatro décadas, por lo menos, para que su costo sea menor y así demostrar tener una visión urbanística a largo plazo. Pero eso, en la práctica es mucho pedir para las cortoplacistas políticas de nuestras autoridades.
El Metro combina un sistema férreo con un sistema de cable aéreo llamado Metrocable (no confundir con el sistema teleférico, aunque son similares), el cual ha sido usado por primera vez en el mundo en Medellín como transporte masivo permanente. En Lima no estamos acostumbrados a la experiencia de viajar por este medio, aunque con el tiempo servirá para integrar a los distritos periféricos con los tradicionales; en Medellín es más veloz y seguro que viajar por tierra para subir a los distritos que están en las pendientes de los cerros. De manera equivalente, dada la cultura de los migrantes y sus descendientes, que formaron lo que hoy son los conos norte y sur de Lima, en lo referido a edificar sus casas en los cerros, la alternativa del metrocable les sería muy beneficiosa.
No podemos conformarnos con el Metropolitano como único sistema de transporte. Tampoco dejar que el reinado de las combis y coasters siga imponiendo su criterio de 1 persona = 1 sol, como si más valiera la cantidad de nuevos soles que entran al bolsillo de los dueños de los vehículos alquilados, que la calidad del transporte. Con ese criterio no se palpa la consideración ni menos el respeto hacia los pasajeros ni tampoco a las autoridades policiales que sacrifican diariamente su salud y su tiempo para que podamos circular de la manera más fluida posible. Para ello, la solución no debe limitarse a eliminar esas penosas unidades de transporte. Una vez más, Medellín puede darnos una plausible alternativa: el Metroplús (equivalente de los buses alimentadores del Metropolitano).
Es un sistema de transporte masivo de buses articulados, el cual está integrado físicamente con el Metro y cuenta con estaciones cada 500 metros y los vehículos están unidos por una articulación que les confiere movilidad, con una capacidad de 160 personas cada uno; vienen equipados con tres puertas de acceso, caja automática y suspensión neumática. Aunque el Metroplús está integrado, física y tarifariamente, con el Metro, es en realidad una empresa aparte, que entre sus accionistas está el mismo Metro de Medellín con el 25,64% de partición accionaria.
De igual manera, existen numerosas empresas de taxis que cubren toda el área metropolitana de Medellín, y entre ellas hay algunas con servicios bilingües en inglés-español. El servicio de pedido de taxi por teléfono es el más usual y seguro (como en Lima es Taxi satelital). Es usual además el servicio de taxi colectivo. El uso del GPS se implementó en todos los taxis de la ciudad el 31 de marzo de 2012 y no podemos dejar de mencionar que el tarifario se calcula por la distancia recorrida y determinada por los taxímetros que todas las unidades deben llevar, algo que también urge hacer en Lima para evitar los regateos y las frustrantes respuestas como “no voy allá, lo siento”.
Como vemos, Medellín tiene mucho que enseñarnos a los limeños sobre cultura de transporte y de lo exitosa que ésta puede ser si las autoridades trabajan con una visión planificada, detallada, comprometida con la ciudadanía y en constante diálogo con los consumidores finales, quienes son los que efectúan las evaluaciones y recomendaciones para mejorar nuestra diaria movilización. Podríamos citar como ejemplos de transporte público a ciudades europeas, pero lo que en Lima se necesita forjar es una cultura de la civilidad traducida en respeto a las señales de tránsito, integrar a los más necesitados en el uso de estos servicios, abandono de la criollada y de la mentalidad pesimista, fomento de la historia de la ciudad, de la conciencia colectiva y de la educación en valores morales. Tendrán que pasar generaciones y alcaldes para que se logre eso, pero si ponemos eso en agenda, Lima podrá renacer. De cada uno de nosotros depende.

viernes, 3 de octubre de 2014

Velasco y el septenato


La gente joven dirá que hoy se cumplen 36 años de esa fecha, pero muchos no tienen ni idea de lo que significó para el país. Pero claro, si leen poco o estudian poco, salvo cuando se lo mandan los exámenes en lo referido a sus programas de estudios escolares o las carreras que eligieron y eso queda plasmado en los reportajes que suelen pasar en nuestros noticieros (ver abajo el video “La cultura general de los universitarios en Lima” en youtube para que sirva de ejemplo), ¿qué otra cosa se puede esperar si no existe el hábito de la lectura instalado en la vida de nuestros jóvenes? Eso hace recordar a Mafalda cuando dice “A los adverbios se los reconoce por su hipotenusa peciolada de orden vertebrado” y Manolito piensa que por no saber lo que eso significa le ponen un cero el día que menos espera. Bueno, eso se generalizaría en nuestro país, pues el absurdo y la estupidez están a la orden del día. En fin.


La fecha en cuestión conmemora los 36 años del golpe de Estado del general Juan Velasco Alvarado, quien por la punta de las metralletas conspiró contra el gobierno democrático de Fernando Belaunde Terry utilizando como pretexto el escándalo de la “página 11” (del supuesto beneficio del Estado Peruano en favor de la petrolera estadounidense IPC) y de que los civiles no podían resolver los problemas nacionales, ni mucho menos, garantizar la estabilidad del país. ¡Miren quiénes hablan! La historia demuestra que la soberbia, como bien lo dijo San Agustín, no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano. En este caso, lo hinchado fue el proyecto autoritario, socialista y nacionalista del gobierno militar que se autoproclamó “revolucionario”.


Velasco tuvo en mente grandes cambios a favor de la población de Perú, tradicionalmente rezagada e ignorada a lo largo de varias décadas por muchos gobiernos civiles de perspectiva netamente limeñista y cortoplacista. Las transformaciones que realizó al régimen de propiedad buscaban darle mayor dignidad a los trabajadores, campesinos y profesores. La planificación estatista de la economía perseguía destrozar a las clases altas agro-exportadoras, demonizadas por tener fama de explotadoras y discriminadoras, utilizando una prédica nacionalista y de tinte corporativista-humanista. Es por eso que los anteriores golpes de estado ocurridos en nuestra historia republicana, no alteraron la estructura de la sociedad, sino que respondieron a intereses políticos de los diversos grupos de interés coludidos con altos mandos militares para conservar sus privilegios. Todo eso cambió con el “chino Velasco”.


¿Cuál fue el resultado a mediano plazo? Desconocimiento de las leyes, del orden democrático, de las libertades y de las garantías constitucionales, las cuales, en la práctica, fueron suprimidas. Toda revolución siempre trae cambios dolorosos, pero la historia es la que mejor juzga los resultados, independientemente de las intenciones o los programas de gobierno de los golpistas. Hay dictaduras que trajeron prosperidad económica al país, como la de Augusto Leguía y la del general Manuel Odría, pues la democracia no es sinónimo de prosperidad, sino de participación ciudadana en un clima donde los derechos y libertades están garantizados y respetados. Eso no ocurre cuando los gobernantes abusan del poder, independientemente de la forma como hayan llegado a él. Durante el velascato, las medidas revolucionarias (que realmente lo fueron) buscaron “crear un nuevo Perú”, como el mismo dictador dijo el día de su alejamiento del poder el 29 de agosto de 1975.


¿Cuál fue el resultado a largo plazo? Ruina del agro nacional con la consiguiente migración del campo hacia Lima; empresas estatales deficitarias y corruptas creadas para meter a los allegados a Morales Bermúdez, Belaunde y García; surgimiento de los grupos narco-terroristas Sendero Luminoso y MRTA que provocaron más de 30 mil muertes en todo el país; hiperinflación causada por la asfixia económica controlista; rigidez laboral producto de la sobre-regulación que demoniza a los empresarios a causa de la visión maniquea comunista de presentarlos como los eternos malos de la película; desprestigio generalizado de la clase política; inviabilidad de Perú como Estado-nación a comienzos de los años 90; el inesperado surgimiento del caudillo mesiánico Alberto Fujimori, cuya decisión de dar el autogolpe fue avalada por el 80% de la población debido a las causas anteriores; la escandalosa corrupción montesinista y el auge de la ideología caviar (izquierda limeña burguesa) durante los gobiernos de Paniagua y Toledo.


Mención aparte merece el surgimiento de Hugo Chávez, quien dijo que “su” general Velasco fue la mayor inspiración que tuvo para transformar a Venezuela. Pero como bien lo expresó un editorial del diario El Comercio, sólo la muerte detuvo a Chávez, pero ya había convertido al país llanero en su chacra, la cual se la entregó en herencia a su delfín Nicolás Maduro (en la práctica más podrido que maduro). Velasco no tuvo las ingentes reservas petroleras con las que cuenta el gobierno chavista y eso se ha convertido en la maldición de Venezuela, pues el “socialismo del siglo XXI” ha demostrado su incapacidad para generar orden, progreso, libertad y desarrollo institucional que haga de ese país una referencia obligada para cualquier persona medianamente inteligente. Algo que las masas de los otros países de la órbita chavista no entenderán mientras dependan de los subsidios y del pensamiento de sus caudillos bolivarianos. Que Humala diga que Chávez es un ejemplo a seguir ya es un ejemplo de estudio en materia psiquiátrica.


Un buen referente bibliográfico para entender el desarrollo de la dictadura de Velasco es el libro “El Septenato” (1977), de los periodistas y primos Guido Chirinos Lizares y Enrique Chirinos Soto, escrito con un estilo punzante y de tendencia liberal y que denuncia los atropellos que se vivieron en esos años oscuros en materia política, económica, jurídica, social y periodística. Las fotografías que se adjuntan en el libro ayudan a ilustrar cómo grandes eruditos pueden errar al colaborar con un gobierno que restringe los derechos humanos por más que se haya presentado como “humanista y cristiano”. Nombres de personas célebres vivas y muertas que se presentan como colaboradores estrechos o esporádicos nos dejan anonadados: Rafael Roncagliolo (el ex canciller humalista), Héctor Cornejo Chávez (autor del libro “Derecho familiar peruano”), R.P. Ricardo Morales Basadre S.I. (artífice de la Reforma educativa velasquista), Mirko Lauer (afectador de la reforma agraria y actual periodista de “La república”), entre otros.


¿Qué lección podemos aprender de este episodio histórico? Como bien lo dijo hoy Víctor Andrés Ponce en su columna de El Montonero, antes de las autocracias velasquista y fujimorista, los demócratas se negaron a encabezar las reformas necesarias para viabilizar el país, y entonces la democracia y la libertad naufragaron. Consecuentemente, cuando los demócratas no asumen su papel, la democracia siempre está en peligro. Debemos fortalecer las instituciones, fomentar la meritocracia en educación y programas que estimulen el aprendizaje, aprender de experiencias políticas de otros países que sean constructivas, crear conciencia colectiva de que los derechos y libertades tienen una base ética y filosófica basada en la dignidad del ser humano y difundir los valores morales en los que descansa nuestra sociedad, pues al destruir todo eso sólo reinará la anarquía y la progresiva decadencia de nuestra civilización. Todos somos responsables y tras recordar esta fecha nos toca aportar nuestro granito de arena para construir un país desarrollado, democrático y justo.