En pleno bicentenario, Perú se volvió víctima de los
intereses de los grupos de poder que quieren su tajada de la torta llamada
"Presidencia de la República". Incluso los principales portavoces de
los valores morales cristianos (obispos, sacerdotes y religiosos) callan o
cambian de tema de conversación cuando el comunismo intenta llegar al poder
mediante la vía democrática (su nueva metodología) o cuando el
liberal-progresismo y su dictadura de la corrección política se quieren imponer
tras un adoctrinamiento paulatino de la población a través de la gran prensa,
la academia, las artes o las big tech. Eso lleva a los disidentes a ser
víctimas de la "cultura de la cancelación", creada en la URSS.
Por todo lo anterior es propicio preguntarnos los
siguiente: ¿Es malo ser conservador? Muchos piensan que no, pero callan ante el
arrastre que genera el progresismo globalista en las masas, muchas veces
carentes de criterio propio y de afán de investigación sobre este fenómeno, que
hoy en día constituye la agenda de las multinacionales, los organismos
internacionales y que se materializa en la Agenda 2030 y el Gran Reseteo, como
bien lo presentó Claus Schwalb el año pasado en Davos, Suiza. Para responder la
citada interrogante, resulta interesante recordar la frontal actitud que tuvo
el anterior arzobispo de Lima ante la imposición de la agenda de género durante
el gobierno de Humala, algo que nunca se ve en las declaraciones de monseñor
Carlos Castillo.
La mención expresa a ciertos personajes del mundo de
la política, el Derecho y el periodismo atañen exclusivamente a sus opiniones,
pues es posible que algunos hayan cambiado de postura luego de transcurridos
siete años. Cipriani se encuentra hoy en Roma trabajando como miembro de la
Comisión de Economía del Vaticano y Perú se encuentra en medio de un proceso
electoral que evidencia la polarización de su población entre dos posturas
ideológicas contrapuestas: democracia y comunismo, y que generan desconfianza,
conflictos y la probable agudización de la actual crisis política, social y
económica que ahora padecemos. Por eso, es pertinente recordar el carácter
atemporal de los valores cristianos y cómo la actitud de conservarlos y
transmitirlos es vital para sanar las heridas que tiene la sociedad a fin de
lograr la anhelada paz y justicia social para volver a la calma y retomar la
senda del desarrollo.
¿Es malo ser conservador?
"Leyendo varias columnas de opinión sobre la
propuesta de referéndum del cardenal Juan Luis Cipriani sobre las uniones
civiles entre homosexuales y el aborto, es evidente la saña con la cual se le
trata al principal pastor de la diócesis católica más importante de Perú. Una y
otra vez, los opinólogos, creyendo tener la razón demuestran ser unos
verdaderos ignorantes en lo que se refiere al Derecho familiar y sucesorio,
antropología, ley natural, moral y psicología. No van al fondo del tema, sino
que repiten las palabras "derechos", "opción sexual",
"intolerancia", entre otras. Es decir, se convierten en los
portavoces del lenguaje propio de la dictadura del pensamiento políticamente
correcto.
Algunos de ellos, como Alfredo Bullard, Ronald
Gamarra, Ricardo Vásquez Kunze y Carlos Meléndez, sin desmerecer sus altas
capacidades intelectuales y profesionales, han demostrado en sus columnas
desconocer el hecho de que por lógica elemental, el matrimonio es anterior a la
existencia de los Estados, al derecho internacional, y, sobre todo, a la
ideología de género. a que en una relación homosexual o lésbica no se puede
procrear. El derecho a la libre opinión es fundamental en una democracia, pero
si no va acompañado de una sólida formación moral e intelectual, hace que su
portavoz se convierta en el títere de los ideólogos de cada era. En el caso que
nos ocupa, es la propuesta del cardenal.
La única opinión realmente objetiva y desapasionada
que he visto hasta ahora es la del jurista (y profesor de quien escribe) Mario
Castillo Freyre, (pueden clickear aquí
http://elcomercio.pe/politica/actualidad/union-civil-no-colisiona-constitucion-noticia-1719751)
porque analiza el proyecto del congresista Carlos Bruce criticando la creación
de un quinto estado civil (los anteriores con solero, casado, viudo,
divorciado): la unión civil no matrimonial, es decir, camina como pato, grazna
como pato, aletea como pato, nada como pato, pero no es pato. A pesar de ello,
no hay que olvidar lo siguiente: si el Derecho equipara las uniones civiles al
matrimonio, sin importar las clases de uniones que surjan en el futuro (no sólo
homosexuales, sino pedófilas, zoófilas, poligámicas, etc.), se desnaturalizará
su carácter regulador y se convertirá en un mero vehículo para que los postulados
de la ideología de género (o cualquier otra) se cuelen en el ordenamiento
jurídico de cualquier país, generando mayores injusticias contra los padres,
hijos y personas de buena voluntad que disienten de esta clase de pensamiento.
Por eso, ante esta amenaza, cobra mayor sentido el segundo mandamiento del
abogado, de acuerdo con Eduardo J. Couture: "LUCHA: Tu deber es luchar por
el Derecho. Pero el día que veas en conflicto el Derecho con la Justicia, lucha
por la Justicia".
Lo que la ideología de género busca no es la caridad
hacia los homosexuales ni la conquista de sus derechos legales o humanos.
Simplemente los utiliza como parte de su agenda para labrar un proyecto de
reingeniería social y antropológico que busca imponer un pensamiento
totalitario y discriminador hacia la disidencia y todo comienza con el
reconocimiento legal de esta clase de uniones. ¿Alguien en su sano juicio cree
que esta embestida de los lobbies gays se va a acabar con este proyecto de ley
después de aprobado y publicado? Esto es sólo el comienzo de un proyecto
relativista, inmoral, intolerante y persecutorio que forma parte de la llamada
"cultura de la muerte" fomentada por los grandes grupos de poder
económico y político existentes en los países desarrollados. Es mejor
informarse de este tema con recomendables textos como "La Agenda de
Género. Redefiniendo la Igualdad" (2007) de Dale O'Leary, "La
Ideología de Género o el Género como herramienta de poder" (2010) de Jorge
Scala o "La Dictadura de Género" (2013) de Francisco Serrano.
De esta forma, los opinólogos mencionados líneas
arriba demuestran sus prejuicios y odio ideológico hacia el cardenal y hacia la
Conferencia Episcopal Peruana. Con esto, surge una pregunta que sería bueno que
respondan con fundamento y es la siguiente: ¿Es malo ser conservador? Ser
conservador tiene tres significados en el DRAE, pero el que mejor se ajusta a
las enseñanzas de la Iglesia sobre la defensa de los valores, la familia, el
matrimonio y la dignidad de la vida humana, es el primer significado, pues el
conservador, dicho de la forma más elemental, es aquél que conserva dichos
valores e instituciones que forman parte de la vida individual y social del ser
humano en armonía con la creación y con el Creador.
¿Es malo ser conservador? Sí, dirán algunos, pues
atenta contra el pensamiento políticamente correcto, contra la tolerancia, los
derechos humanos, la ley y no sé qué más. Lo cierto, es que todo lo anterior
son valores desde el punto de vista conservador, pero también son palabras
fácilmente manipulables para los intereses ideológicos de quienes siguen la
agenda de género, la cual, desde 1994, con la Conferencia de las Naciones
Unidas sobre la Mujer en El Cairo busca implantarse en todo el mundo pisoteando
dichos valores y discriminando a quienes no comulgan con sus dogmas, pues son
tachados de intolerantes, fundamentalistas, retrógrados, homofóbicos,
obsoletos, dogmáticos, cerrados, ultras, represores, integristas, enemigos de
la humanidad y anticaritativos. Bueno, todo eso se podría aplicar a los nazis,
a quienes Bullard compara con Cipriani; y también a los castristas, que son tan
amados por Gamarra (quien, dicho sea de paso, repite la mentira de Jason Day
sobre el Sodalicio). Esa es una muestra de cómo inteligencia y sentido común no
siempre van de la mano. Vásquez Kunze y Meléndez, por su parte, necesitan un
poco más de información sobre todo lo mencionado en el presente artículo,
porque desde la óptica de la política es muy fácil comentar un fenómeno social,
pero desde otras ramas del saber, el panorama se amplía. Igual que ver un
árbol, y no el bosque entero, que sufre un incendio y que necesita ser apagado.
No "tolerado"."