viernes, 21 de abril de 2017

De Ríos y tetas: una indeseada publicidad


"A mí me parece que (a los niños) hay que enseñarles la libertad de la sexualidad y cómo protegerse, si para protegerse les tienes que enseñar que existe el sexo anal, que por cierto, lamento que su experiencia sexual sea tan aburrida (de los entrevistados), pero el sexo anal no es sólo entre homosexuales. Entonces que les enseñen cosas a los chicos, cosas que no creo que la información les haga daño... Voy a tomarme un café y ustedes siguen hablando de mis tetas". Parece que con esas palabras, Patricia Del Río, la diva de RPP, quiere protagonizar la secuela de la película "La teta asustada". Fácil sus padrinos mediáticos la promueven para que Claudia Llosa la contrate. ¿Será más bonita que Magaly Solier? No sé. Juzguen ustedes.


Tras leer su última columna en El Comercio intentando justificar su deplorable actuación ante los invitados argentinos Nicolás Márquez y Agustín Laje en Ampliación de Noticias, el 19 de abril de 2017, es increíble el nivel de cinismo que exhibe esta agresiva defensora de la ideología de género escudándose en el supuesto “odio” a las mujeres, a la minoría LGTBI y a quienes deciden hacer lo que quieran con sus cuerpos. Ya no hay careta que valga. El artículo estaba escrito para justificar su actitud virulenta ante la presentación del best-seller “El libro negro de la nueva izquierda”. Por supuesto, éste enfurece a los progres y es motivo de ataques viscerales en los medios y de intentos de desacreditación (hasta ahora) infructuosos hacia sus autores. No vamos a hablar de la ideología de género, pues ya tratamos con detenimiento ese tema al empezar este año, aparte de que hay bastante bibliografía que estudia el tema y que aún no es tan difundida en nuestro medio. El tema aquí es la doble vara.


Muchos conocemos la postura de esta periodista (con fama de caviarona) ante los temas de género: su agresividad, su defensa de las causas “progres”, la imposición de sus opiniones al momento de entrevistar, como si fuera una fiel discípula de César Hildebrandt y Alfonso Tealdo. Provocar a invitados aludiendo a su nacionalidad, su aspecto físico y hasta sexual es una clara muestra de periodismo de estercolero. Estoy seguro que ella jamás llamaría al cardenal Juan Luis Cipriani, porque si lo tuviera en vivo, el rating subiría y ella se regocijaría atacándolo y tildándolo de fanático, homofóbico, misógino, ultraconservador, hipócrita, asesino, fujimorista, etc. ¿Alguien dijo odio? Nada por aquí, nada por allá. Pero el arzobispo de Lima no es tonto para someterse a un linchamiento político de su persona ante las cámaras ni tampoco para ser víctima de un delito contra el honor personal.


Lo que sí llama la atención es esto: a Phillip Butters lo despidieron de Radio Capital el mes pasado por defender abiertamente la marcha #ConMisHijosNoTeMetas del 4 de abril y pregonar la defensa de la familia ante la imposición progresiva de la ideología de género en la sociedad a través del Currículo Escolar 2017, elaborado durante la gestión del ex ministro Jaime Saavedra y defendido por la actual ministra Marilú Martens. Un periodista que tenía un asunto personal contra Butters se acercó a él inmediatamente después de que éste terminó su alocución en el estrado de la Plaza San Martín y ello originó una discusión acalorada entre ambos. Cuarto Poder exhibió dicho incidente provocado para así lograr convencer a los directivos de Radio Capital de sacarlo de dicha emisora; cosa que lograron. Butters después explicó lo que había generado esa animadversión de René Gastelumendi contra él (por lo que lo llamó “Mermelumendi”) y cómo organismos del gobierno presionaron para despedirlo por hacer esa denuncia de la currícula. En otras palabras, el periodista fue víctima de una provocación preparada para ser "expectorado" porque incomodaba al gobierno "de lujo".


Si el polarizador Butters hubiera entrevistado en RPP a la ministra Martens o a las congresistas Marisa Glave o Indira Huillca y se hubiera retirado en plena entrevista dándoles una palmada en el hombro, con toda seguridad sus detractores hubieran chillado durante días, La República y Diario Uno estarían diariamente dándole con palo en sus portadas y los pulpines estarían haciendo un plantón exigiendo su expulsión del programa. Pero como Del Río está en el Grupo El Comercio (y su hermana también) tienen sus paladines en las redes sociales y en la dirección de este conglomerado mediático para permanecer ahí y seguir provocando impunemente a quienes no comparten su pensamiento. ¡Es decir! Como Butters no promueve el pensamiento único progre, debe irse, pero como Del Río sí lo hace, no pasa nada. ¿Alguien mencionó la imparcialidad periodística y el derecho a la libre expresión? ¡No se oye, padre!


Claro, tampoco faltarán los cristianófobos que se solidarizarán con Patricia (especialmente en el cómodo anonimato de las redes sociales) buscando la bronca a los curas, a las Iglesias, a los providas y hasta a la Bruja del 71, de conspirar para privar de su derecho a expresarse a esta "comunicadora de la diversidad". Después de todo, el café con el que volvió al set de transmisión era imprescindible para que no se le seque la garganta (incluso cuando vociferaba caminando, como bien se aprecia en el video). Hasta los argumentos más hilarantes y descabellados son bienvenidos cuando se trata de descalificar al disidente. Lo cierto es que las actitudes hablan por sí solas y el hecho de los entrevistados aceptaran tomarse una foto con los periodistas y con la misma Del Río es un gesto educado que dice mucho de la capacidad de diálogo demostrada por ellos (ver http://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/respuesta-patricia-rio-laje-y-n-marquez-noticia-1985543).
 

Lo recomendable antes de entrevistar a alguien es empaparse del tema a tratar y revisar la obra en la que se desempeña el entrevistado para poder desarrollar un diálogo alturado y respetuoso. Permanecer firme en las opiniones está bien, pero fundamentarlas es necesario a fin de que el intercambio de ideas sea enriquecedor para ambas partes. Descalificar y provocar haciendo un espectáculo cercano al striptease y no disculparse ante tamaña falta de respeto a los entrevistados es abiertamente contrario al artículo 1° del Código Ético de la Sociedad Nacional de Radio y Televisión de la que RPP forma parte. Dicho artículo señala que la radio y la televisión deben de contribuir al respeto de los derechos humanos, libertad de expresión y opinión y pluralismo informativo. Esperemos que la doble moral en este caso no prospere. Eso sí: hay que agradecerle a Del Río por hacerle cherry a este libro, pues ahora se venderá como pan caliente. Si aún así se pica, ¡a llorar Al Río!

lunes, 3 de abril de 2017

¿Autogolpes "muy parecidos"?


¿Qué es una dictadura? Para entender su origen hay que viajar a la época romana. La dictadura era un gobierno extraordinario que el Senado confería a una persona en los momentos difíciles, especialmente en los casos de disturbios internos o una guerra contra alguna potencia extranjera. La dictadura nació, al parecer, a propuesta de Tito Larcio, quien fue además el primero en ejercer el cargo. El dictador era nombrado por uno de los cónsules en virtud de una orden del Senado que tenía la potestad de determinar cuándo era necesario el nombramiento y quién debía ocupar el cargo. El magistrado supremo recibía los títulos de dictador y senador del pueblo (dictator, magister populi) y ejercía su autoridad por un plazo de 6 meses, período en el que quedaban en suspenso todos los procedimientos ordinarios de los magistrados, excepto los tribunos de la plebe (el pueblo) y nadie podía criticar, censurar ni discutir las órdenes del dictador.



A lo largo del tiempo las atribuciones del dictador se fueron ampliando, entre ellas se encontraban el declarar la paz o la guerra y condenar a muerte sin posibilidad de apelación. No podía, sin embargo, disponer libremente del Tesoro Público, ni abandonar la República, y estaba obligado a rendir cuentas de sus actos al Senado tan pronto terminaba en el ejercicio de su autoridad. Además, durante su mandato se hallaba bajo la vigilancia de los tribunos que conservaban toda su autoridad y que se ocuparían de poner coto a la ambición y prepotencia de los que ejercían este cargo temporal. Esta institución fue sin duda alguna de gran importancia y utilidad en los tiempos de la República, unas veces salvándola de la ruina y otras facilitando grandes conquistas para Roma. Sin embargo, con el correr del tiempo, las virtudes cívicas y la abnegación de los primeros dictadores cedieron ante la corrupción de las costumbres y las ambiciones desenfrenadas de poder convirtiendo la dictadura en instrumento de tiranía en la persona de Sila y produciendo la transformación de la República en el Imperio encarnado en la persona de Julio César.


Entre los dictadores de Roma figuraron Tito Larcio, Cincinato, Camilo y Papirio, todos los cuales dimitieron del cargo antes de que expirase el plazo que señalaba la ley. Lucio Cornelio Sila modificó el plazo de 6 meses y se hizo nombrar dictador de forma indefinida, aunque a los 2 años dejó voluntariamente el cargo. Sin embargo, el cargo de dictador sufrió mucho tras los abusos que Sila cometió contra sus adversarios políticos. Julio César, tras ganar la guerra civil (siglo I A.C.), se hizo nombrar dictador vitalicio, generándose enemigos políticos en el Senado, lo que lo llevó a morir asesinado. El resto de la historia lo dejamos para quienes deseen profundizar en el fascinante desarrollo de la Roma imperial. Como se puede ver, el cargo de dictador no fue creado como un capricho político, sino como un servicio a la República ante un peligro grave, tanto externo como interno.


En base a lo explicado se puede comprender el surgimiento de las dictaduras. Los diferentes grupos políticos se valen de cualquier argumento para generar una interrupción del funcionamiento del sistema, pero sólo la historia juzga con objetividad si dicha decisión difícil es correcta, sin apasionamientos, defensas o condenas. El caso de Venezuela es muy grave, pues se busca instaurar progresivamente una dictadura vitalicia de corte comunista (estilo castrista) mediante la infiltración de la inteligencia cubana en el sistema militar, el adoctrinamiento ideológico en los colegios y universidades, el control centralizado de la economía, la persecución y encarcelamiento de los disidentes, el acoso a los opositores, la creación de una red internacional de aliados políticos con los petrodólares y el uso sistemático del insulto a todo aquél que ose criticar por la vía diplomática al gobierno.


Creo que ante la caída del Muro de Berlín y de la Unión Soviética, Cuba se quedó sin fondos para sostener su "revolución" (sin dejar de mencionar el embargo comercial de Estados Unidos) y para ello buscó un país con riquezas inagotables para poder subsistir. Para ello eligió a Venezuela y apoyó sigilosamente a un militar ex golpista como su candidato a la presidencia. Algo que logró en 1998 y gracias a su prédica y a su carisma convirtió al país del oro negro del Caribe en su chacra, donde todos tienen que comer de su mano si es que quieren tener una vida digna; los demás que se mueran de hambre. Así podemos comprender la doble moral del llamado "King Kong llanero" (por su evidente matonería y carencia de modales) presentándose como demócrata por el sólo hecho de haber llegado al poder por la vía electoral. Hoy Venezuela está en la ruina por la aplicación de la fracasada receta económica comunista y por su persistente intolerancia ante el disentimiento. Por eso, ante la constante presión de la OEA para que el gobierno chavista garantice elecciones libres, el Tribunal Supremo de Justicia, encabezado por Maikel Moreno (un ex-convicto condenado por doble asesinato cuando fue miembro de la policía secreta) le quitó sus funciones legislativas a la Asamblea Nacional. aunque luego se echó para atrás por la "rapidez" del delfín de Chávez. Quizá Raúl Castro telefoneó a Maduro diciéndole que no sea tan imbécil (y esto es sólo una especulación), pues con esa medida sólo demostrará ser un sátrapa puro, y que debe seguir maquillando su gobierno para no perder el apoyo de quienes (todavía) le dan el beneficio de la duda, aunque el parlamento esté, en la práctica, pintado en la pared.


En el caso peruano, la situación fue por lo siguiente: el comunismo llegó al poder el 3 de agosto de 1968 con un golpe de Estado perpetrado por el general Juan Velasco Alvarado (una fecha nunca condenada por los rojos y pulpines). El pretexto fue la desaparición de la página 11 del contrato celebrado entre la empresa IPC y el Estado peruano, en el que supuestamente se establecía el precio de cada barril de petróleo que el segundo debía pagarle a la primera. Eso fue causa de indignación popular, pues se creyó que el gobierno había regalado ese recurso nacional. Lo cierto es que nunca se llegó a demostrar si esa página existía. Lo que sí se sabe es que Velasco, adoptando las tesis izquierdistas de Víctor Raúl Haya De la Torre y Eudocio Ravines (fundadores del APRA y el Partido Comunista del Perú en 1929 y 1930 respectivamente) acrecentó el aparato estatal mediante expropiaciones, confiscó medios de comunicación, transformó radicalmente el sistema de propiedad de la tierra, penalizó la posesión de dólares, prohibió la enseñanza del inglés y sobre-endeudó al país con múltiples empréstitos con los países de la órbita soviética. Todo ello trajo las siguientes consecuencias: burocracia asfixiante, estabilidad laboral absoluta, corrupción a raudales y malversación de fondos, control de cambios y de precios, inflación cada vez más creciente, etc. De este caudillo y de su política se basó el militar Hugo Chávez para gobernar Venezuela (por ello siempre decía "mi general Velasco").


Morales Bermúdez se comprometió a dejar el poder tras las elecciones de 1980. Para ello permitió elecciones para la Asamblea Constituyente que elaboraría la Constitución de 1979, CON LA CONDICIÓN de que se incorporaran en ella los principios del gobierno izquierdista y en un contexto carente de libertad de prensa. Fernando Belaúnde fue reelecto con la ilusión de que en democracia revirtiera todo lo que estropeó Velasco. No sólo no lo hizo (salvo la devolución los medios de comunicación), sino que la clase política de aquel entonces avaló la existencia del gigantesco Estado empresario con el cual la gente de Acción Popular y el APRA tenían mamadera de sobra para todos sus ayayeros). Todo ello con el apoyo jurídico dado por la Constitución estatista de 1979. Pero todo se agravó cuando surgió el terrorismo subversivo de Sendero Luminoso y el MRTA. El primero, de inspiración maoísta pretendía instaurar una sociedad agrícola sin clases sociales al estilo Camboya (el resultado fue miseria, esclavitud y casi 2 millones de camboyanos muertos); y el segundo era de orientación guevarista y que buscaba la cubanización del país. Más allá del matiz ideológico, lo cierto es que la izquierda, tanto en el poder político, como en la acción terrorista, es co-responsable de la ruina económica y social de Perú. El país, en 1990, estaba en una situación muy parecida a la actual Venezuela


Entonces, el casi desconocido ingeniero Alberto Fujimori, tras ser elegido presidente, tenía la grave responsabilidad de vencer la hiperinflación dejada por Alan García (de más de 7,600%) y enfrentar el derramamiento de sangre provocado por los terroristas (más de 30 mil muertos). El problema es que, a pesar de las facultades delegadas (por encontrarse en minoría en el Congreso), los decretos legislativos, especialmente los referidos a revertir urgentemente la trágica situación social y económica de Perú, empezaron a ser rechazados y el gobierno se vio imposibilitado de actuar con mano dura. Muchos congresistas de izquierda no aprobaban las leyes contra la lucha antiterrorista. Además, muchos jueces estaban amenazados de muerte y, temerosos, liberaban a subversivos, incluso cabecillas capturados. Lo peor era que muchos congresistas no sólo saboteaban las iniciativas legislativas del gobierno, sino que no asistían al Congreso originando la cancelación de sesiones cruciales por falta de quórum.


La situación era desesperada y similar a la de una guerra civil. De ahí que la población avaló la radical medida y la conversión de Fujimori en dictador (fue más del 80% y a mí me consta por haber vivido esa época). Lo cierto es que el sistema estatal basado en el modelo centralista yugoeslavo, no funcionaba más y tarde o temprano se iba a producir un quiebre del Estado de Derecho para salir de esa situación, pues sabiendo cómo funcionan nuestras fuertísimas instituciones y nuestra honestísima clase política, no se podía hacer nada. Ni Belaúnde, con su falta de adminículos, ni Vargas Llosa, dada su arrogancia e insensibilidad ante los problemas del país en el cual nació por accidente (según sus propias palabras) nos hubieran devuelto la paz ni la estabilidad económica. Por eso, el menos malo de los sistemas de gobierno, se tuvo que suspender por un tiempo, para retomarlo con la convocatoria a elecciones para el CCD que elaboraría la Constitución de 1993, la cual, con el régimen económico del libre mercado, nos permitió salir del estado de pauperización sufrido en las décadas de 1970 y 1980. Para más detalles, veamos la cátedra de Francisco Tudela en https://youtu.be/kNIVKSQhWOg


Como podemos ver, el autogolpe de Maduro y su retroceso fueron para amenazar a la oposición con instaurar un régimen totalitario similar a Cuba. El autogolpe de Fujimori fue para tomar medidas drásticas para sacar a Perú de la situación en la que nos metió Velasco y los defensores de sus postulados. Dicho en otras palabras, un autogolpe fue para meter a un país en la fosa comunista y el otro, para sacarnos de ella. Por eso la izquierda peruana odia de manera furibunda a Fujimori. Por supuesto, la escandalosa corrupción de su régimen es vergonzosa, pero a la luz de lo que acabamos de analizar es sólo el pretexto para condenarlo, pues no hay UN SÓLO gobierno en la historia peruana que se haya salvado del flagelo de la corrupción. Lo más indignante fue ver que un sector de la población le pedía al presidente Kuczynski que cierre el Congreso por el sólo hecho de tener mayoría absoluta fujimorista ante la inminente censura al ministro Saavedra. Eso no constituye una grave situación interna o externa como en la época romana, sino que simplemente refleja la piconería, mezquindad e hipocresía de quienes se dicen demócratas, mientras que polarizan a la población con un odio enfermizo hacia quienes no piensan como ellos. Eso hay que desenmascarar, pues la democracia significa vivir de acuerdo al pensamiento de Voltaire: "Detesto lo que dices, pero defendería hasta la muerte tu derecho a decirlo".